Lo mejor de Italia… y lo más ‘stronzo’

Italia es uno de los principales destinos turísticos del mundo. Tanto es así que suele estar entre el TOP 5 de los países más visitados. En 2017 recibió casi 60 millones de turistas internacionales. No es para menos. Estamos ante una de las cunas de la cultura occidental, que ha dejado vestigios por montones de sus ciudades. Nos encanta ver piezas de un pasado antiguo y glorioso. Es como formar parte de lo épico, sentirse como en una película de esas épicas sobre el Imperio Romano. Nosotros nos reservamos viajar a Italia en un tour a fondo. En el verano de 2019 se nos presentó la oportunidad de hacer un road trip, de 16 días. Y, uf… Cierto que conocimos mucho, demasiado. Pero tuvo sus pros y sus contras, y más en un país como Italia.




Cada vez más nos estamos haciendo fans de viajes en coche. Italia merecía la pena ser visitada de esta manera, ya que no basta con conocer sus cuatro o cinco ciudades más famosas. Sus pequeños pueblos podían decirnos mucho más de ella, porque no vive sólo de ruinas romanas. En un viaje tan largo al final uno se acaba cansando de ver siempre el mismo tipo de museos y lugares similares. Con esto decimos que Italia tiene de todo un poco para no cansar al turista.

En esos 16 días llegamos a visitar ni más menos que ¡17 ciudades! Todo esto fue en una ruta que llamamos #Italia2, y que cumplió nuestras expectativas sobre el país. Esto no se vio empañado por factores un tanto desagradables pero que hay que tener en cuenta en un viaje a Italia. Os vamos a contar lo que más nos gustó y lo que más nos puso de los nervios, lo que nos hizo casi gritar aquello de «stronzo!» (en italiano representa lo asqueroso, algo despectivo).
 

Lo mejor de Italia.

La conservación de su patrimonio.

Si de algo vive el país es de su turismo, que responde a su vez de la cultura que nos ha dejado. Nos fascinó ir de museos. Pero aún más ir por la calle y encontrarnos con capiteles o columnas en cada esquina. Las ruinas del Viejo Imperio forman parte de la fisionomía de Italia. Cuando no reciclan esos materiales para obras posteriores a su época (en parques, en iglesias, en edificios civiles), las exponen como un trozo más del urbanismo. No fueron pocas las que nos encontramos en espacios abiertos. Esto hizo que vivamos Italia con mayor intensidad, sin necesidad de adquirir cualquier billete de museo.

El Coliseo de Roma tiene partes de columnas antiguas repartidas por todo el monumento.

Italia no es tan cara.

Conocemos la leyenda urbana de que Italia es un país caro. Bueno… Es equiparable a otros grandes destinos que tienen la misma fama de «careros», como Reino Unido o Alemania. Pero no llega a la altura de Islandia o Suiza, que pagar por una Big Mac es como pagar por un entrecot. El precio del alojamiento en Italia es asequible (siempre y cuando se reserve con antelación y picardía, entre otros 5 consejos para elegir un buen hostal). Muchas de sus ciudades están plagadas de souvenirs a 1€. Tomar el transporte público no es sangrante. En cuando a los menús, sí es cierto que nos encontramos con una media de 15€ (tirando por lo bajo). Nosotros tiramos mucho de supermercado, con precios generalmente bajos: fruta, unos sandwichitos, batidos… para reponer fuerzas.


Buen transporte público.

Hablando de lo mejor de Italia en cuanto a precios, el transporte público es un «must». Los hemos utilizado en ciudades como Venecia, Milán, Roma o Nápoles. Prácticamente sólo podemos decir cosas buenas, como lo de sus billetes turísticos a buen coste, su frecuencia, el estado de sus trenes y estaciones… También hay buenas conexiones entre metro o autobús, o entre estos medios y los centros turísticos. Siempre están localizados casi al pie de aquellos lugares que queremos visitar. Esto hace que nos movamos sin mareos ni cansancio.

Los vaporettos de Venecia son una opción de transporte y turismo ideal.

Un porrón de agua potable.

Una de las cosas que más agradecemos a Italia (sobre todo porque la visitamos en verano) son sus fuentes de agua potable. Prácticamente nos las encontramos en todas las ciudades en las que estuvimos. Tampoco es de extrañar, habida cuenta la pasión por las aguas públicas que ya tenían desde los tiempos del Viejo Imperio. Esto nos ha dejado acueductos, termas, fuentes monumentales. Pero también fontanelle o fuentecillas. De ellas podemos beber agua limpia y totalmente potable. Roma es el mayor ejemplo, no sólo porque cuenta con 2.000 de estas fontanelle, sino porque salía prácticamente helada. Nos salvó de ese tórrido verano.

Las fontanelle de Turín se caracterizan por la cabeza del «torino«.

La simpatía italiana.

Hemos escuchado en varias ocasiones que hay que tener cuidado con el carácter de los italianos, incluso de ellos mismos. En nuestra realidad, siempre hemos sido bien atendidos. Desde la Oficina de Turismo de Florencia, donde nos explicaron qué ver con una sonrisa más que natural, o hasta el recepcionista de nuestro albergue en Nápoles. Sin pedírselo nos ayudó a aparcar el coche en un vertiginoso parking. Por lo general los italianos se han mostrado muy afables con nosotros. Ponen mucho de su parte para entendernos con el idioma. A veces hasta propiciaban una mayor cercanía hablándonos de sus vacaciones en Ibiza, como la que nos tomaba las comandas en Milán. Sin duda el carácter de los italianos ha sido siempre servicial, al menos en nuestro caso.

En Tarento vivimos además una guía gratuita por el Castillo Aragonés, donde fueron agradables.

 

Lo más ‘stronzo’ de Italia.

La gasolina, por las nubes.

Viajar en coche por Italia tiene un alto precio, nunca mejor dicho. No nos referimos a los peajes, de los que rehuimos gracias a nuestro GPS. El precio de la gasolina en Italia es uno de los más caros de Europa, de forma que llegamos a verlo hasta 2€/litro. Nosotros usamos una aplicación que rastreaba los precios de combustible en las gasolineras de Italia más cercanas a nuestra posición. Gracias a esto parábamos a repostar en lugares donde nos ahorrábamos más de cincuenta céntimos por litro. Generalmente eran gasolineras de autoservicio sin ni siquiera un puesto de venta (por eso nos salía más barata, porque deducirían el coste humano). Aún así nuestras tarjetas acababan sangrando…

¡Y cuidado además con las carreteras de Nápoles! Allí conducen como locos y sin casco.

El insoportable calor.

He de sincerarme. Nunca he pasado tanto calor como en Italia. Las fontanelle hacían que lo sobrellevara mejor. Aún así es de lo peor de Italia, pues nadie puede escapar de sus altas temperaturas (especialmente si son lugares cerca de mar, ríos o lagos). La humedad va en aumento y cala en cada poro de tu cuerpo. Por suerte muchas atracciones y alojamientos se hacen cargo y cuentan con aire acondicionado. Algunos no les llegaba el presupuesto y no iban más allá de ventiladores caseros, que a veces lo que hacen es dispersar todavía ese calor por toda la sala. En puntos como la Galería de la Academia o el Museo Arqueológico Nacional, ambas en Florencia, no contaban apenas con un sistema de aire. Parecía que nos íbamos a convertir en otras momias egipcias…





Basura por doquier.

Lo peor de Italia fue la basura. Esto fue sobre todo en el sur, y aún más concretamente en la provincia de Nápoles. Pudimos observar montañas de basura desde los bordes de las autovías. Qué decir de la misma ciudad, donde las papeleras estaban vacías pero por fuera les engullía los restos. Vimos cómo los propios ciudadanos tiraban los desperdicios en el suelo, sin impunidad. Y en los extramuros de Herculano, Patrimonio de La Humanidad, habían auténticos vertederos. Esta imagen se repetía allá por donde fuéramos en esta región. La sensación hizo que disfrutáramos menos de su patrimonio y las ganas de marcharnos cuanto antes fueran en aumento.

No fue de casualidad que esa basura llegara ahí en las calles de Nápoles. Eso sí que es stronzo!

El injusto coperto.

Uno de los «puñales» más traicioneros de Italia es el coperto. Hay que diferenciarla de la mancia, que es la propina voluntaria y es poco usual. Pero esta clase de prima en bares y restaurantes sí que es obligatoria. Por lo general viene incluida (o camuflada) en los menús. Si pides platos sueltos, te vas a encontrar con esta sorpresa en la factura. Dependiendo del establecimiento oscila entre 1 y 4€. Ya debatimos si las propinas en restaurantes merecen la pena. Si el servicio ha sido estupendo, pagar el coperto en Italia no tiene por qué doler. Pero, ¿por qué he de pagarlo cuando si por ejemplo ha tardado en traernos la comida o ha tenido mal día y nos refunfuña por nada? ¡Encima se lleva una gratificación sin merecerlo, por la cara!

En Nápoles disfrutamos de una deliciosa pizza frita, con su delicioso coperto.

La masificación turística.

Como adelantamos al principio de este artículo, Italia es uno de los países más visitados de Europa. Esto conlleva un gran inconveniente, y es que se plague de turistas. Ya hablamos de las ventajas y desventajas de visitar lugares muy turísticos. En épocas estivales lo vamos a sufrir más, y eso nos pasó aquel verano. Es de lo peor de Italia, ya que vivimos casi un encierro en los Museos Vaticanos. Para pasar de una sala a otra parecíamos vacas de ganado. Además padecimos largas colas, y más con aquellos calores. Esto hace que perdamos además un tiempo precioso, pues muchas de las atracciones turísticas cierran a las 17h. Las grandes ciudades de Italia (Roma, Florencia o Venecia) son una muestra perfecta de pasarlo mal por el hecho de ser turista. Lo ideal es estudiar en qué época va a ser mejor viajar a Italia. Y verano no es una de ellas, insistimos. 

Olvídate de ir a los Museos Vaticanos de «chill»…

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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