Arte oculto en Milán: Cementerio Monumental

Cómo nos gusta visitar lugares desconocidos en los destinos más turísticos. Además de que te encuentras con algo que no esperabas, aquello con lo que los folletos de viaje no nos tienen acostumbrados, su principal ventaja es que no sufrimos la masificación turística. Milán sabe mucho de eso. En sitios como el Duomo o la Galería Víctor Manuel II echas una moneda y es imposible recogerla. Pero en este caso particular, ¿quién quiere irse a otro país de turismo a visitar tumbas? Pues nosotros. Buscando lo más imprevisible al norte de Italia nos encontramos con esta joya mortuoria. Y, ¿si os decimos que la visita al Cementerio Monumental de Milán es equiparable a su propia Catedral? No es una fantasmada… Te lo vamos a justificar.




Visitar un cementerio puede formar perfectamente parte de lo que llamamos ‘turismo negro‘ o morboso. Son aquellos lugares no comunes que sirvieron de escenario a una catástrofe, sucesos macabros o simplemente evocan lo lúgubre. Es el caso del Cementerio Monumental de Milán. Desde luego no es un camposanto venido a menos. Más que un sitio donde descansan los muertos, es una auténtica exposición artística al aire libre. En ella encontramos panteones colosales, lápidas esculturales, efigies magníficas. Vamos, una museo de arquitectura y escultura.

Haciendo un poco de historia, el Cementerio Monumental de Milán no es tan viejo como cabría imaginarse. Responde a una necesidad municipal de juntar todos los pequeños e insalubres camposantos de la ciudad en uno solo. El proyecto urbanístico fue ganado por Carlo Maciacini, cuya obra fue abierta al público en 1866. Avisamos de que visitar este lugar requiere su tiempo, ya que se tratan de 250.000 metros cuadrados. Pero, ¡ojo! A pesar de sus grandes dimensiones aquí no puede ser enterrado cualquiera. Por un lado hay que tener pasta. Comprarse un pequeño terrenito podría costar entre 7.000 y 13.000€ (amén de las reformas posteriores, que el paso del tiempo también afecta a las construcciones). Además, la propuesta debe pasar por unos requisitos y la valoración de un comité.

Cómo llegar al Cementerio Monumental de Milán es bien sencillo. Nosotros tomamos la opción del metro, que desde el Duomo queda a 20 minutos y tomando un trasbordo con la línea 5. No tiene mucho truco saber en qué parada bajarse: Monumentale. La entrada principal aparece nada más salir del subterráneo. La visita es gratuita, aunque hay que tener bien en cuenta su horario para llevar una buena planificación del viaje y no perder el tiempo. El horario del Cementerio Monumental de Milán es de 8 a 18h, pero cierra a las 13h los días festivos y los lunes permanece cerrado.

La entrada principal es un despampanante edificio que podría haber sido perfectamente una iglesia. De hecho, estaba proyectada para serlo. Se trata del Famedio o Templo de la Fama. Acoge los nichos de las personas más influyentes de la ciudad de Italia (también tienen que pasar por la comisión, así que vete reuniendo los papeles). No hay que olvidar que en el Cementerio Monumental están enterrados personajes de renombre en Milán como Hermann Einstein (el padre de Albert), Alessandro Manzoni (padre de la lengua italiana moderna), Franco Moschino (sí, el diseñador) o Salvatore Quasimodo (premio Nobel de Literatura). Quizás el Famedio sea la parte más lúgubre, ya que se distribuyen en largos y oscuros pasillos.

Tras el Famedio nos dimos de bruces con las primeras tumbas, salpicadas por esculturas en diversas posturas. Todas ellas inspiran reflexiones sobre la vida y la muerte, que será la tónica general del Cementerio Monumental en Milán. Nos podemos encontrar a soldados caídos en batalla, figuras que lloran sobre la misma tumba, la mismísima última Cena e incluso La Parca o Ángel de La Muerte, arrastrándose sobre la lápida para llevarse al moribundo consigo. Por lo general son esculturas de un exquisito arte italiano, que incita al debate y al pensamiento (además de abrirnos los ojos como chernes, claro).

Además de arte escultórico, si por algo se caracteriza el Cementerio Monumental de Milán es por sus obeliscos y panteones. Los hay de todos los estilos y órdenes, mezclados entre sí: desde pirámides egipcias hasta pabellones contemporáneos. Uno de los conjuntos más destacados es el que copia la Columna de Trajano (que se halla en el Foro Romano de la capital italiana), pero que narra la vida de Jesús. También se recomienda visitar el Ossario, justo en el centro del camposanto, que reúne los restos más antiguos. Al final de la vía central se halla el Templo Crematorio, ya en desuso, pero que alberga urnas de científicos que en su época defendieron una alternativa tan polémica como la cremación.

El edificio neogótico del Famedio no es la única entrada al Monumentale. Existen otras dos, ubicadas a cada lado de dicho edificio, relacionadas con las diferentes creencias que también tienen cabida aquí. De un lado, la religión judía. Es fácil reconocerla por la Estrella de David, y porque sus tumbas son menos ostentosas; de otro lado, una entrada para los agnósticos, que no vivieron preocupados por ninguna fe y de lo que hay en el más allá. Y sin embargos están aquí enterrados. Curioso.




Como dijimos, el Cimitero Monumentale es enorme. Hay tantas obras que ver, tantos detalles que apreciar, que recomendamos una visita sosegada. Nosotros fuimos a las carreras porque sólo disponíamos de un día en Milán (fíjate lo maravilloso de este conjunto que entró en nuestros precipitados planes). Lo mejor es perderse y dejarse sorprender. También puedes encontrarte, con tu propio yo. O utilizando los distintos planos del camposanto que se distribuyen a lo largo del Cementerio Monumental.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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