Qué hacer en Bratislava en un día: qué ver y cómo moverse

Bratislava es una de esas pequeñas capitales europeas que se pueden ver en un sólo día. Pese a que es una gran desconocida para el turismo, nosotros pudimos pasarnos por ella y guardamos buenas vivencias. La capital de Eslovaquia no es que tenga monumentos demasiado conocidos pero sí disfrutamos de un ambiente acogedor. Quizás porque sea menos transitada se puede visitar con mayor tranquilidad. Esto hace que no haya que esperar mesa para comer, hacer cola en sus museos o pelearse por hacerse fotos con sus curiosas estatuas. De todas formas siempre es recomendable ir con los deberes hechos, y así optimizar nuestro tiempo. En base a nuestra experiencia, estas son nuestras recomendaciones sobre que hacer en Bratislava.



Qué es Bratislava.

En efecto, es el centro económico y administrativo de Eslovaquia, uno de los estados más recientes del continente europeo. Aún así guarda una historia que se remonta al Neolítico y la industria cerámica 5.000 años antes de Cristo. Su primer asentamiento importante fue celta, en el año 250 a.C. A partir de entonces sufrió un vaivén entre romanos y eslavos, permaneciendo estos últimos. Con ellos se hace referencia por primera vez como ciudad, en el siglo X. Pasó por manos del Reino Húngaro, el Imperio Otomano, la Casa austríaca de los Habsburgo, y finalmente como parte de Checoslovaquia. Su independencia llegó en 1993, convirtiéndose en capital de la República eslovaca. 


 

Datos prácticos de Bratislava.

Bratislava cuenta con una población que no llega a más de medio millón de habitantes. Aún así es capital de un país que además pertenece desde 2004 a la Unión Europea. Por lo tanto no vamos a tener problemas para manejar el euro como moneda, ni tampoco para entrar como ciudadanos o residentes de la Unión. Además, es la única capital del mundo que colinda con dos países: Hungría y Austria. Esto hace que efectivamente sea una ciudad de paso entre destinos tan populares como Budapest y Viena, respectivamente. De hecho, queda a una hora de la capital austríaca.

Existen buenas conexiones en bus entre una y otra, y no salen caras (viajamos por 5€ entre Bratislava y Viena). También hay transporte en tren, en barco (por el río Danubio) y un aeropuerto, a 9 kilómetros del centro. Gracias sobre todo a las aerolíneas low cost, el turismo internacional se ha incrementado. Aunque una vez en el centro no habrá necesidad de pillar transporte público para recorrer sus principales rincones. Además, su superficie no es especialmente inclinada (salvo para subir al Castillo de Bratislava).


 

Qué ver en Bratislava.

Nosotros hicimos un planning sobre qué pensamos ver en Bratislava y lo cierto es que nos sobró hasta tiempo para espatarrarnos en los jardines de su Castillo, o sentarnos en un banco del bulevar de Hviezdoslavovo a ver a los chicuelos jugar a un ajedrez gigante (de hecho hicimos este Facebook Live desde allí). Aún así hay cosas que hacer en Bratislava muy interesantes para conocer la ciudad a fondo. Haced copia y pega, que allá vamos.



  • Iglesia de Santa Isabel o Iglesia Azul. La verdad es que es más conocida por el segundo apelativo, y quizás sea lo más imprescindible que hacer en Bratislava. O al menos es el monumento más popular fuera de sus fronteras. Recibe ese nombre por su llamativo color exterior. En realidad forma parte del estilo Art Nouveau de dicho templo. No pudimos visitarla por dentro porque justo acababan de cerrarla por una boda. Pero seguro que como no estáis acostumbrados a ver una iglesia tan irreverente os será inevitable echarse una foto con ella.

  • Torre y Puerta de San Miguel. Es otro de los iconos de esta ciudad, y que veremos sin duda repetido en postales e imanes. Algo que hacer en Bratislava sí o sí es cruzar por debajo de el, ya que se encuentra el kilómetro 0 de la ciudad. Por lo demás, este conjunto arquitectónico está realizado entre los siglos XIV y XVIII, y pertenecía a las murallas de Bratislava y una de sus cuatro puertas (aunque hoy es la única superviviente). Recibe el nombre de la santa efigie que corona la torre. En su interior se encuentra un museo de armas, aunque no lo visitamos.

  • Casco antiguo. Precisamente la Puerta de San Miguel marca el inicio (al menos en bajada) del casco histórico de la ciudad. Recorrerlo es algo que hacer en Bratislava de forma obligatoria, ya que al menos fue la mejor experiencia que guardamos. La calle principal que baja en línea recta es un auténtico centro comercial al aire libre. Está lleno de tiendas, pubs, restaurantes… Vamos, todo lo que el turista necesita sin ir más allá. Lo mejor, su ambiente festivalero. Nosotros lo visitamos en verano, durante el tour #EuropaCentra2, y se notaba el jolgorio en sus terrazas. 

  • Plaza Mayor. Al final de la Calle de Miguel hay una bifurcación. Si tiramos a mano izquierda seguimos por el bulevar hasta acabar en el centro cívico. Aquí se encuentra el ayuntamiento, donde hay además está el Palacio Miestodržiteľský del Vicegobernador, la Fuente de Maximiliano, puestos ambulantes de souvenirs y celebración de actividades. Cuando fuimos en agosto de 2017 estaba instalado un arco con chorros de agua donde la gente entraba y salía. El calor no era asfixiante, pero algo importante que hacer en Bratislava en esta época es refrescarse (al final de la misma calle hay una fuente potable, que nos vino como mano de santo).

  • Las esculturas. En la propia Plaza Mayor nos cruzamos con la escultura de un soldado napoleónico, en una pose bastante alegre sobre el banco. No será la única que ponga una nota de color en la ciudad. Durante la década de los 90, con el fin de dejar atrás su pasado gris político, se repartieron figuras metálicas en actitudes alegres. Así, muy cerca se encuentra la figura del mendigo, o la de un papparazi en la esquina. Pero lo que hay que hacer en Bratislava es pasar por delante de Čumil, un obrero que sale de una alcantarilla y que pasa sus horas de trabajo viendo a la gente pasear.

  • Catedral de San Martín. Al final del casco antiguo, por la parte derecha, está el principal templo religioso de la ciudad eslovaca. Es además uno de los más antiguos e importantes, no sólo del país. Entre 1583 y 1830 eran coronados aquí los reyes del Reino de Hungría. De hecho la punta de la torre no es una cruz, como sería lo normal. Sino una corona para remarcar la importancia que tuvo en la realeza. Su primera piedra data del siglo XIII. Posteriormente se hicieron varias modificaciones, pero se ha mantenido en un estilo gótico.

  • Castillo de Bratislava. Lo último que hacer en Bratislava es subir, una vez visitada su Catedral, hasta el castillo. No va a ser cosa fácil, avisamos. Primero hay que subir por una cuesta empinada y luego por una serie de escaleras. El Castillo de Bratislava, situado a 85 metros sobre la meseta, es otro de los conjuntos arquitectónicos más conocidos de la ciudad. Se erigió por primera vez en el siglo X, aunque también ha sufrido bastantes cambios. En el siglo XVIII la reina María Teresa lo convirtió en sede real, y se ha reconstruido con esa misma imagen. Tampoco llegamos a entrar, aunque no paramos de ver a numerosas parejas haciéndose la foto de boda. Nosotros acabamos el día tumbado en sus esplendorosos jardines. El descanso del guerrero bratislavo.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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