Turismo en Milán, a la altura de las ciudades de Italia

A nadie se le escapa que Milán es una de las ciudades más ambicionadas por el turismo en Italia. De hecho, después de Roma (obvio), ocupa el segundo lugar en porcentaje de visitantes junto a Venecia. Pero, ¿qué tiene el principal motor económico e industrial de Italia para que seduzca tanto en este sentido? El principal icono es la Catedral de Milán, aunque tiene otras iglesias antiguas y algunos museos que se cuentan entre los mayores patrimonios culturales de Europa. Nosotros viajamos durante la semana santa de 2019, y sólo pudimos estar un día en Milán. ¿Es tiempo suficiente? ¿Qué se puede ver en Milán en menos de 24 horas? ¿Merecería la pena conocer Milán con mayor profundidad? Uy, uy, uy, muchas preguntas. Vamos a responderlas todas y más pasito a pasito, suave, suavecito.




Nuestra idea original era hacer una gira por las principales ciudades de Italia durante semana santa, pero los precios a la vuelta en avión por Roma estaban carísimos (en esta época de fe se peta y todos quieren ver al Papa) así que nos desviamos a Francia. Sin embargo decidimos mantener el inicio en Milán porque seguía siendo asequible, 20€, y estaríamos dos días. Llegamos por Ryanair a Bérgamo, una de las ciudades que nos habían recomendado. Alguien nos comentó que dedicáramos tiempo a esta ciudad vecina porque no había tanto que ver en Milán como se puede pensar. Así que sólo hicimos turismo en Milán al día siguiente.

Empezamos por la joya de la corona. ¿Cómo llegar a la Catedral de Milán? Las líneas 1 y 3 de metro paran en la estación Duomo (vamos, que no hay pérdida). La primera impresión es tanto indescriptible como inconmensurable. «Mejor ver», como los anuncios de pisos. Pero ya os adelanto que lo ideal es pasarse una mañana entera recorriendo todos los recovecos de este templo por dentro, por fuera, por arriba y por abajo. Compramos la entrada en el Museo del Duomo, que está al lado. No hubo que hacer mucha cola ya que hay kioskos automáticos de venta de entrada. Además, que un chico que trabajaba allí nos ayudó amablemente al ver nuestra cara de perdidos.

A punto de empezar el día en Milán, junto con el coloso Duomo.

Visitar el Duomo de Milán fue una experiencia increíble. Además de ver el altar, sus bóvedas o las distintas capillas, también pudimos bajar a ver los restos arqueológicos de la anterior Catedral de Santa Tecla y baptisterio del siglo IV, así como los restos de San Carlos Borromeo en su cripta. Lo mejor de todo fue subir a su terraza panorámica, y lo hicimos a patita. Hay menos escaleras de las que nos habíamos imaginado, unos 165 peldaños. La gente se agolpaba en lo primero que veía nada más llegar, que era en ese enredado de pináculos y argotantes. Es todo un espectáculo visual. Pero la visita continuaba por el techo a dos aguas, con panorámicas diferentes y piezas de arte que pocos se paraban a ver (prestaban más atención a hacerse fotos que no a lo que tenía al lado).

En la terraza panorámica del Duomo de Milán uno puede sentirse casi volar.

Después de visitar la Catedral de Milán marchamos a la Galería Vittorio Emanuele II, que se encuentra en la misma plaza del Duomo. Pasa a la historia como el primer centro comercial moderno, original del siglo XIX. Dentro está lleno de tiendas de marca, como no podía ser de otra manera en la capital de la moda. Pero es precioso de ver, sobre todo desde el famoso octágono central. Fue como estar en una película de romance y lujo. Por desgracia el mayor lujo que nos pudimos permitir, como buen blog de viajes ‘low cost’ que somos, fue tomar unos batidos en el McDonald’s que está en una de sus salidas. ¡A un euro, señores!

Saca las perras si te quieres ir con un recuerdo de esta Galería…

Organizar una tarde en Milán fue complejo. Muchos restaurantes cierran a las 15h, y nos las vimos y deseamos para poder comer. También tuvimos que tener en cuenta a la hora en que cerraban los museos y otros monumentos. Nos alejamos del centro para ver uno de los secretos de Milán más desconocidos, que es el Cementerio Monumental de Milán. ¡Una maravilla! Podría formar parte de ese turismo negro o morboso, pero va más allá. Este lugar de 250.000 metros cuadrados alberga panteones que parecían pequeñas viviendas, pero llenas de glamour. Algunas, sí, son tradicionalmente lúgubres. Pero habían otras tan modernas que parecía que Calatrava se las hizo.

Comprobamos lo multicultural que es el Cementerio Monumental.

Hicimos un recorrido exprés y vimos sólo la mitad del Cementerio Monumental de Milán por falta de tiempo. Pero nos hubiese gustado ir pasillo por pasillo, porque además habían esculturas muy llamativas y con muchas metáforas sobre la vida y la muerte. Era como un museo al aire libre, lleno de piezas totalmente artísticas, desde el neoclasicismo hasta la arquitectua high-tech. Tampoco lo vimos tan lleno de turistas como el Duomo, eso está claro. Eso hizo que la nuestra visita fuera más tranquila y agradable (también es que en este tipo de sitios no se puede permitir otra cosa…).




Por el mismo estilo nos pareció la Pinacoteca de Brera. No la vimos tan llena de visitantes como en otros grandes museos del mundo. Quizás por ser a última hora… Lo que sí estaba petado es de grupos de escolares, con los que no podíamos competir por quién se ponía más cerca de los cuadros. Aún así disfruté como un niño, pues es un parque de atracciones para los amantes del arte. El hermano italiano del Museo del Louvre alberga obras maestras como la Sacra Conversación (1472) de Piero della Francesca, el Cristo Muerto (1490) de Andrea Mantegna o los Desposorios de la Virgen (1504) de Rafael. Pero pude descubrir otras piezas nada conocidas y que no fueron menos que las otras. Además, cruzamos por delante del taller donde se restauran las obras y que permite al visitante conocer cómo es este arduo trabajo (cosa que no había visto antes en otros museos). Esto ayuda a revalorizar el trabajo de un restaurador.

Mejor que un selfie con un youtuber, con el ‘Cristo Muerto’. Y yo tan feliz…

La Pinacoteca de Brera se haya en el barrio del mismo nombre, que también es otro de los puntos calientes que ver en Milán. Tiene fama de ser chic, pero la realidad es que tampoco es para tanto. Tiene algún local graciosete de ver, pero más simpáticos son los precios en sus etiquetas (más desorbitados que la perrita Laika). Como el barrio era tan pequeño y se veía en un periquete, visitamos el cercano Parque Sempione. Es enorme, y tiene cantidad de cosas. El Parque Sempione de Milán tiene mucha vida social. Vimos terrazas con mucha marcha, gente haciendo deporte, paseando, besándose, musiqueando… Es como un Central Park pero en miniatura. Aunque este cuenta con el enorme Castillo Sforzesco, que le da un toque más personal.

Una buena tarde en Milán hubiese sido recorrerse tranquilamente este Parque.

Poco más pudimos que hacer en Milán. La noche se nos vino encima y sólo nos quedaba comprar los souvenirs (que no tiene tantos sitios como otras grandes ciudades, aparte de que no tienen precios competentes) y cenar. Miramos en El Tenedor y lo más competente fue la Pizzería del Ticinese, a 15 minutos a pie del Duomo (aunque el transporte público en Milán tiene un buen servicio y no mal de precio, de 4,50€ el bono diario ilimitado). La camarera fue súper agradable con nosotros y muy solícita. Nos contó que venía de Ibiza hacía unos días al saber que éramos de España. Vamos, que hace guiño a los turistas y eso nos resultó un gesto familiar. La pizza, como debe ser en Italia, buenísima (y contundente).

Guárdate la baba para cuando vayas a comer pizza en Milán.

Como veis, nuestro experiencia de turismo en Milán fue bastante corta. Nos quedamos con ganas de ver el mural de La Última Cena de Da Vinci, pero para acceder hay que reservar entradas en la Iglesia de Santa María de Las Gracias ¡hasta con dos meses de antelación! (y nosotros decidimos nuestro destino en menos). Milán nos dejó con ganas de más, como el Teatro de La Scala o la Pinacoteca Ambrosiana, o terminar incluso lo que habíamos visitado. ¿Ver Milán en un día? Pues mejor dos, y con calma. Hay que tener cuenta además que algunas de las atracciones de Milán están algo dispersas en el mapa. De todas formas lo que pudimos conocer nos gustó y nos dejó con buen sabor de boca. La ciudad está a la altura de lo que se espera en Italia.

 

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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