Sex Machines Museum: la Praga más picantona

¡Qué nos gusta ir a un museo cuando marchamos de turismo! Es la forma más entretenida de conocer la idiosincracia de un destino. Habrá muchos a quienes les parecerá aburrido, y prefieren irse a la playa y luego de copichuelas. Ligar con una italiana o comer bratwurst con un alemán son alternativas no menos interesantes para profundizar en su cultura. Cada uno tiene sus preferencias. Sin embargo no todos son cuadros aburridos ni animales disecados tras una vitrina. También hay museos para todos los géneros y clases. En Praga visitamos uno muy curioso, el Sex Machines Museum. Este espacio exhibe máquinas sexuales y otros elementos inventados en la historia europea. Y ahora usted se preguntará, ¿hubo degustación al final de recorrido? Vamos a resolver esta y otras cuestiones.
En nuestro paso por la capital de la República Checa, durante el tour #vacaciona2, nos cruzamos de repente con este museo. Se encuentra en el mismo casco histórico de Praga, en la calle Melantrichova 18 (una vía estrecha que da directamente al Reloj Astronómico). Ya habíamos visitado el Museo del Sexo de Amsterdam y queríamos seguir coleccionando visitas de este tipo en nuestro haber. No éramos los únicos, pues el Sex Machines Museum estaba bastante concurrido. Praga es una ciudad abierta y no se cansa de recibir turistas que no se cortan ni un pelo (como nosotros).

Había un ir y venir de gente que era inquietante. Había que averiguar por qué…

La entrada es muy llamativa, cubierta de un rojo intenso por todas partes y con un gran pene de madera que parecía un cañón. Quizás sea la atracción estrella de este museo del sexo en Praga, porque todos nos subíamos para la foto que íbamos a enseñar sí o sí para fardar de dónde habíamos estado (como si nunca nos hubiésemos subido a una polla gigante…). El recorrido continuaba por pequeña «sala X». Allí podíamos sentirnos como en casa, pues se proyectaban películas españolas desde los años 20 hasta el Franquismo. Por supuesto, van con la temática que a Alfonso XIII tanto le gustaba y que defiende que el cuerpo delgado está sobrevalorado. 

Cualquier cosa para vestir sirve para pasárselo en grande…

Gran parte de la exposición del Sex Machines Museum se encuentra en las otras dos plantas de arriba. Aunque no deja ni un minuto de descanso al visitante porque las paredes están plagadas de fotos más insinuantes que artísticas. También hay marcos con vestuario erótico y complementos para los colgajos más íntimos. Nos encontrarnos con más de 200 objetos, entre los que se encuentran consoladores, sillas, aparatos eléctricos, máscaras y todo lo que no pueda imaginarse. Ya lo hacían por usted en el siglo XVI, del que data por ejemplo el cinturón de castidad o un corset de hierro. Aunque luego hay otros artefactos capaces de trinchar ‘aquéstas’ armaduras, como los vibradores que funcionaban a manivela. Y así hasta la era en que se inventó el cuchillo eléctrico, entre otras utilidades para el hogar…

En aquellos tiempos en que no había pilas y dependíamos de las máquinas a vapor…

Uno de los elementos que más nos sorprendió fue la «caja mágica». Es el antecedente de los actuales peep shows, ya que se instalaba en ferias y eventos subiditos de tono donde se pagaba para ver por la mirilla. Dentro había una mujer en cueros que se retorcía, no sé si de placer o porque la «caja» es bastante estrecha y se sentía ahogada. En este sentido, en el museo del sexo de Praga pudimos ver una serie de muebles que rinden tributo al vouyerismo. Por ejemplo, un cagadero con ventana o un meadero con ventana. Puede que esos ventanucos tuvieran otros usos pero para saberlo habría que pillar el Delorean y regresar al futuro…

La «caja mágica» donde la gente se reúne, y no hablo del recinto de Madrid…

En el Sex Machines Museum de Praga nos pusimos la mano sobre la cabeza cuando llegamos a la sala dedicada al bondage y el resto de letras BDSM (… Dominación, Sadismo, Masoquismo). Realmente era como pisar un sex shop pero a la antigua. En este espacio se reúnen zapatos y máscaras puntiagudas (imagine usted para qué), una especie de ruleta de la suerte acolchada (siga imaginando), unas especies de máscaras antigás (ahí no podría ayudarle) y un sinfín de vestuarios que desde luego no está indicado para carnavales. Todo cuero, todo heavy.




A pesar de todo lo que he descrito (que no es poco), el Sex Machines Museum nos pareció corto y un pelín aburrido. Las comparaciones son odiosas, pero igual que se hacen para medir el largo de los penes, también existen entre los museos. El de Amsterdam nos pareció más simpático e incluso más histórico. Habían piezas más antiguas, expuestas no sólo para el morbo de los visitantes sino con un interés más histórico y con mejor gusto. Este museo del sexo en Praga es más bien una colección suelta de piezas eróticas sin mayor profundidad intelectual (aunque suene raro). Además, el precio de la entrada nos pareció caro para lo que es, 250 coronas checas (9,75 euros al cambio). De todas formas si busca usted algo distinto que hacer en Praga, el Sex Machines Museum es su lugar. 

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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