Experiencia en Hamburgo: no sólo ideal para hacer turismo

¿Qué se os pasa por la cabeza cuando oís hablar de Hamburgo? No. No es la ciudad originaria de la hamburguesa. Se trata de una de las ciudades más importantes de Alemania, pues cuenta con uno de los puertos más grandes de Europa. Aunque nosotros tampoco sabíamos mucho más cuando la visitamos. Fue al empezar la preparación del viaje, y decidir qué ver en Hamburgo, cuando nos dimos cuenta de que esta ciudad alemana es mucho más que eso. ¡Y ya no digo más una vez disfrutamos de ella! De hecho ha pasado a estar en mi restringida lista de “ciudades a las que me iría a vivir”. Y es que Hamburgo me creó unas expectativas que ni siquiera tenía a priori. 




Colocamos Hamburgo como destino de salida de nuestro tour #EuropaCentra2 simplemente porque el billete de vuelta nos salió muy económico (creo recordar que 35€, por Ryanair). En esto que organizas un viaje largo y miras vuelos baratos, sin importar qué ciudad. Aunque tenemos nuestros destinos soñados, somos de los que estamos dispuestos a conocer cualquier otro. Esto nos ocurrió con Hamburgo. Diseñamos cerca de dos días de turismo en la ciudad. El alojamiento en agosto no lo encontramos especialmente barato, eso sí. Pero como iba a ser el final de 18 días de recorrido, nos dimos el gusto y reservamos en el Hostel Superbude St Georg. Es un lugar con estética cool y que resultó muy acogedor. Nos dejaron imprimir gratuitamente y al baño no le faltó de nada (hasta el cuadro con la trucha cantarina, para marcarnos un dueto en la ducha).

Llegamos desde Dresde en bus, e hicimos tiempo en el McDonald’s de la estación de bus. ¡Otro lugar europeo donde la señora de la limpieza te cobra 30 céntimos a la entrada! Una vez nos refrescamos en el hostel, fuimos hasta la Plaza del Ayuntamiento (Rathausmarkt). Allí partíamos con un Free Tour en español con el que habíamos reservado vía online, a través de Robin and the Tourguides. Andrés Süssmann fue nuestro anfitrión y nos llevó por esquinas muy curiosas de Hamburgo. Algunas de las historias eran bastante tristes, ya que la ciudad fue destruida en un 70% durante la Segunda Guerra Mundial. Aún se mantienen los restos como testigos de algo que no debió suceder y que no debe repetirse, como la Iglesia de San Nicolás, en estado de ruina. También nos explicó el gran incendio que hubo en 1842, cuando ardió una fábrica de tabaco y se llevó por delante 1700 edificios. Me fascinó el punto donde empezó todo, que marcaba la diferencia entre el barrio antiguo y el reconstruido.

Andrés nos ofreció un free tour de cerca de tres horas en el que conocimos la historia reciente de Hamburgo.

Tras el estupendo Free Tour en Hamburgo, subimos hasta lo alto del campanario de la Iglesia de San Miguel por recomendación del guía. La entrada costó 5€ pero valió la pena, ya que desde lo alto divisamos el amplio horizonte de la ciudad en 360º. Pero el monumento estrella al que accedimos fue el Elbphilarmonie (y atrévete a pronunciarlo con un polvorón en la boca). Es la niña más mimada de Hamburgo, y no es para menos. El parto fue doloroso, pues el guía nos contó el derroche económico que supuso esta obra arquitectónica que parecía no acabar nunca (de tres años se retrasó a diez). El acceso a los miradores de la planta baja y a las cafeterías es gratuito, pero desde fuera es más majestuoso. Recibe el nombre del río Elba, sobre el que está instalado. Es uno de los más largos de Europa y desemboca en el Mar del Norte.

Primero de los miradores del Albphilarmonie, una belleza.

El río Elba es otra de las joyas de Hamburgo. Mucho le debe, pues ya desde la Edad Media se convirtió en escenario de los principales comercios del continente y hoy es de los puertos más impresionantes del mismo. Lo pudimos comprobar durante la travesía que hicimos en el ferry 62, un paseo low cost por el río Elba. Los escenarios cambiaban constantemente entre una parada y otra (barrios y mercados chill, departamentos y barrios de alta alcurnia), y entre las orillas (la ciudad al este frente al mastodóndico puerto al oeste). Sin duda fue la mejor experiencia que me llevo de Hamburgo. Y es que la segunda ciudad en población de Alemania tiene más puentes que Venecia o Brujas juntas. Es un lugar de canales, aunque con un encanto distinto, más moderno, más industrial.

Y si recorréis en ferry el río Elba al atardecer, es más pasada aún.

En nuestro recorrido por Hamburgo también tuvimos tiempo de pasar por el Miniatur-Wunderland, orgulloso de ser la exposición de maquetas en miniaturas más grande del mundo. Allí nos pudimos pasar horas, y más que nos podíamos haber pasado si nos hubiésemos detenido en cada detalle. Hay recreaciones de países, aeropuertos, plazas, conciertos de música, minas subterráneas… Todas ellas contaban con maquinaria, y todo estaba pensando milimétricamente. De hecho en el folleto se proponía un juego para identificar ciertos detalles en sus respectivas maquetas. Vamos, un juego de chinos.

Todos, flipando con la Filármonica de Elba, que se abría en dos intermitentemente para ver su interior.

En cuanto a la gastronomía de Hamburgo, disfrutamos hasta con el bocadillo de carne asada del Supermercado Real, cerca de nuestro hostal. Fue un desayuno de campeones, y de campeones ahorradores (2€). Pero también nos dimos el gusto y cenamos en el Frau Möler, un pub de típica comida alemana donde nos pedimos un plato de carne picada con pepinillos. No fue lo mejor que comimos durante nuestro tour veraniego pero siempre hay que probar de todo y en cualquier parte. Eso sí, el servicio se resistía a pasar por las mesas y desde que te sientas hasta que te dan la cuenta se nos hizo “la historia interminable”. Un servicio de buffet tenía que caer y preguntamos por ello al guía. Nos recomendó el Sushi Circle, en un centro comercial de la calle Mönckeberg. ¡Buenísimo! Y curioso, porque pagas en función del tiempo que vas a comer (o 30 minutos o una hora). Las cintas de comida pasaban vacías después de nuestro turno…




Pues sí. Hamburgo es una ciudad en las que viviría tan alegremente. Tiene canales, que a mí pasear por riberas infinitas y detenerme en puentes me parece súper poético. Tiene un sistema de transporte fenomenal: metro, tranvía y bus, por supuesto. Gozamos de un clima en verano como si estuviera yo en Canarias, ni frío ni calor. Y el ambiente no podía ser más urbanita y acogedor. Hamburgo no es sólo una ciudad turística, con rincones ancestrales que descubrir y conocer. También tiene una atmósfera viva, para todos los públicos y bolsillos.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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