Venecia, el placer de un viaje masificado

Venecia es una indispensable en los rankings de ciudades más visitadas del mundo. Durante 2017 fue desplazada al puesto número 13 por culpa de Madrid. No creo que en 2018 le haya ido peor, a pesar de la instalación de tornos para limitar el turismo masivo. Precisamente nosotros visitamos la «laguna» de Italia pensando en este hándicap, sobre todo siendo agosto, durante nuestro tour #EuropaCentra2. Sin embargo nos encontramos con una ciudad que cumplió nuestras expectativas. A pesar de ello, Venecia no deja de ser un lugar con sus luces y sus sombras.




Confieso que Venecia siempre ha sido esa ciudad a la que soñaba con viajar. Me pirran los lugares acuáticos, pero de esos que tienen canales y puertos curiosos. Que allá donde vayas esté presente el olor a sal y las gaviotas repicando. Es por ello por lo que me encantó Amsterdam o Brujas. Pero Venecia es Venecia. Por algo siempre llaman a un lugar con canales «la Venecia del Norte» o del sur o de la dirección que sea. Esta ciudad al noreste de Italia es totalmente paradigmática, e incluso inspiradora del arte (qué de cuadros renacentistas y barrocos no tienen como protagonistas a la Plaza de San Marcos o al Gran Canal). Era de cajón que, influido por esa imagen poética, viajar a Venecia fuera uno de los propósitos de mi vida. Y lo cumplí.

Cualquier canal en Venecia es perfecto para plantar un palacio.

Cuando empezamos a programar el tour de #EuropaCentra2, pusimos como punto de partida Verona (más que nada porque el pasaje desde Madrid suele ser una ganga). Venecia se encuentra a hora y media como mucho, así que ¡allí que nos fuimos! Recuerdo emocionarme cuando el tren redujo la velocidad, cruzando el larguísimo Puente de La Libertad que une el continente con la ansiada isla. ¡Qué preciosidad, ver los montículos de tierra y hierba en un extenso panorama marítimo! Era la antesala de Venecia, que se abrió ante nuestros ojos al salir de la Estación de Santa Lucía. Fue excitante, como un día de Reyes Magos, que sueñas con eso que siempre has querido hasta que lo tienes ante tus ojos. Vistas como la de la Iglesia de San Simeon Piccolo se repiten a lo largo del viaje a Venecia. Pero la primera «postal» es de las que más permanece en la memoria.

Tal y como la ven, así apareció ante mis ojos ¡Venecia!

Adonde quiera que vayas todo son canales y calles estrechas. Buscando nuestro hostal, el Corte Loredan, también nos ofreció un paseo que nos deleitó. Alojarse en Venecia es alojarse en un museo viviente. Todo lo que veía lo había visto en cuadros maestros. El alojamiento estaba cerca del Campiello de l’Anconeta, que formaba parte de una hilera de calles más ancha de lo común allí. Por eso estaba llena de bares, supermercados o tiendas. Este sitio de Venecia era muy similar al de cualquier otro destino turístico… hasta que tenías que cruzar un puente. Y otro. Y otro. Y veías a los gondoleros surcar las calles paralelas, ¡que eran canales! Muy fácil no lo tienen, de forma que manejarse con tremendas barcas por travesías tan sinuosas es un arte.

¡Chiquito tráfico en el canal del Puente de Los Suspiros!

Nos solíamos quedar embelesados viendo las góndolas pasar, tan silenciosas (a diferencia del tráfico rodado, algo prohibido en la isla de Venecia). Más fascinados nos quedamos al ver la tabla de precios por un viaje de media hora, entre 80 y 100€. Por eso recomendamos viajar en Vaporettos: la opción ‘low cost’ a las góndolas. Salvo que quieras ir de un extremo a otro o descubrir las islas cercanas, el transporte público en Venecia (o sea, sólo barcos) no es de mucha utilidad. Nuestro recorrido lo hicimos a patita, así veíamos lugares que apenas aparecen en Google (eso los hace aún más únicos). De esta forma también conocíamos restaurantes y tiendas de souvenirs. Nos quedábamos con los precios para comparar y decidir a la vuelta.




Los precios en Venecia no son muy sorprendentes. Ya sabíamos que se trata de un destino de lujo. Sin embargo fuimos con nuestra lista de sitios baratos donde comer en Venecia y la experiencia fue todo un acierto, e incluso idílico. Comer pasta de Dal Moro’s en la escalera de un puente apartado del bullicio fue súper exótico. Probablemente fuera mi mejor momento en Venecia, que además compartimos en este Facebook Live con nuestros seguidores. La lista de museos en Venecia no es muy numerosa, y muchos están agolpados entorno a la Plaza de San Marcos. Para verlos nos gastamos casi 30€ en el Venezia Unica City Pass, aunque no ofreciera un gran descuento como en otras ciudades. Aún así vale la pena porque unos eurillos son unos eurillos. 

Cae el sol en la Plaza de San Marcos. Y el número de turistas, también.

Para visitar los monumentos de Venecia no hay grandes colas, excepto en la Catedral de San Marcos (quizás porque era gratis). Aquí la visita fue distinta, porque era como seguir un circuito circular del que casi no te podías desviar (¡y cuidado porque no permiten sacar fotos!). Formamos parte de una marabunta humana y así, en las calles de Venecia. Sí, sin duda alguna es de los destinos que más sufren el turismo masivo y no me extraña que quieran fijar esa limitación, dada las características débiles del terreno. Y dada la estrechez de muchas de sus calles, era algo agónico cruzarlas. En ocasiones era como esperar en los semáforos: detenerse para dejar pasar a los que venían en dirección contraria para cuando aflojase, meterse. Venecia no es un destino para gente que sufra de agorafobia. Tampoco es de extrañar que el número de turistas en Venecia sea aplastante con respecto a sus residentes. Como hemos leído en otros artículos, la isla ha pasado a ser un parque de atracciones turístico (y no se equivocan).

Nos pongamos donde nos pongamos, cualquier estampa en Venecia es preciosa.

¿Volveríamos a Venecia? Sí. Son tantas cosas en un espacio tan concentrado que se nos habrán escapado de la vista cientos de rincones interesantes y místicos. En temporada baja, a ser preferible, para poder hacernos fotos en el Puente de Rialto sin hacer cola. 

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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