Viajar a Nueva York, ese sueño tan agriculce

¿Quién no ha oído hablar de Nueva York? Aparece en películas, series, libros, revistas, cuadros, telediarios, o cuando no es el vecino que acaba de volver de las Américas y nos cuenta sus peripecias. Y aún teniéndola en la sopa soñamos con viajar a Nueva York. Ese ha sido mi sueño desde que abrí los ojos al mundo y este verano por fin lo he alcanzado. Desde luego iba con las expectativas altas. Siempre nos lo pintan como una ciudad grandiosa donde todo es posible (ya sabéis, el sueño americano). A la vuelta regresé con una sensación algo agridulce, más bien tirando a dulce que “agri”. Pero resulta que el león no es tan fiero como lo pintan…

Partimos de la base de que viajar a Nueva York es viajar a un lugar enorme, donde una semana incluso se hace insuficiente para ver todo lo indispensable. Cuando organizamos el viaje, David y yo, junto a Virginia (nuestra ‘guest starring’ de este capítulo viajero), hablamos de qué ver en Nueva York en diez días. Además de esas cosas tan populares como la Estatua de La Libertad, Central Park o el Empire State, cada uno de nosotros teníamos nuestro fetiche personal: el Yankee Stadium, el Jardín Botánico de Nueva York, el Museo de Cera de Madame Tussauds, el Museo Aéreo, Naval y Espacial del Intrepid… Lo que quiero decir con esto es que cada uno de nosotros íbamos con una ambición del cojón para verlo todo y más.

Obvio que uno se quede embobado con las vistas de Brooklyn desde el Empire State.

Sabíamos que habría que patear si queríamos cubrir toda esa lista de deseos (viajar a Nueva York se presentaba como un reto delicioso). El primer encontronazo fue la magnitud de la propia ciudad. Hemos estado en Londres, en París, en Berlín, pero nunca jamás hemos estado preparados para un lugar de tan largas distancias. Al menos en los mapas todo parecía más cerca, pero en verdad para ir de un sitio a otro se hizo complicado. Lo que siempre hacemos es barrer cada zona para optimizar el tiempo, yendo a sitios cercanos. Pensando que estaba a diez minutos a pié una cosa de otra, estaba a media hora.

El metro de Nueva York tampoco ayudaba mucho. A pesar de que cuenta con 24 líneas, hay lugares importantes que no tienen un metro cerca. Es el caso del Museo Aéreo, Naval y Espacial del Intrepid, que desde la parada de metro más cercana teníamos que andar como treinta minutos. A este respecto, viajar a Nueva York es también viajar en metro. Y eso es impepinable. Con su tráfico saturado ni se nos ocurrió tomar un bus o un taxi (de hecho perdimos horas en el bus turístico con tanto atasco).

La de watios de luz que consumirá Times Square. Bueno, Nueva York puede pagarlo…

Otro aspecto negativo es la mala ventilación del subterráneo. ¡Qué calores, por Dios! La humareda que sale de las alcantarillas en las películas no es para decorar, ya os lo digo… Lo positivo del metro de Nueva York es el aire acondicionado dentro de los vagones, quizás un pelín fuerte. Lo que no contábamos fue con el cierre o modificación continuada de ciertas líneas, debido a las reformas. Hay que estar leyendo continuamente los avisos y programas de obras porque de lo contrario tus planes se pueden venir abajo.

Eso es todo lo malo sobre viajar a Nuevas York que os puedo decir, que ya veis que tampoco es para tanto. Ahora bien, en el grupo de aquellas cosas que “ni fu, ni fa” he de colocar a la Estatua de La Libertad. No es más de que lo que veis en pantalla. No entramos dentro de la efigie, pero por fuera no nos despertó tanta atención como le tienen los neoyorquinos (América, en general). Y la isla donde se encuentra tampoco tiene nada especial. Está bien para sacarse unas fotos con la Estatua y otra con Manhattan al fondo. Pero merece más ser vista desde las alturas o por mar, que es más idílico.

Sí, me gusta posar haciéndome el interesante. El Puente de Brooklyn también lo merecía.

Sobre los neoyorquinos, te puedes encontrar de todo. Hay frikis como el guía del Radio City Music Hall (ay, Kasper), un personaje que se contaba chistes con maneras de telecomedia, pero aquí el público no se reía. Aunque dicen que la lengua une a las personas, lo cierto es que con la sociedad latina no nos llevamos tan bien. Algunos nos atendían con asquete, otros nos hablaban en un ‘spanglish’ ridículo y sin necesidad. Otros, no obstante, sí eran majos. De hecho en el Bronx me sentí como en casa. Lo sorprendente fue un neoyorquino que nos vio perdidos con el mapa y se paró motu propio a preguntarnos si nos hacía falta ayuda. Totalmente admirable.

Finalmente, en lo más “top” de viajar a Nueva York se encuentran esos lugares que no parecían dar mucho de sí pero que luego nos sorprendieron. Está claro que un rascacielos como el Empire State es impresionante. Pero hay que subir para comprobarlo. La tecnología de los ascensores (que ni te enteras que subes 80 pisos en un minuto), las vistas en el interior y en el exterior, o los paneles explicativos a medida que avanzas por la sala. Podría haber estado horas contemplando las “hormiguitas” ahí abajo. Lo mismo en el Central Park, que es como una selva lúdica. Tiene muchas zonas diferentes y con distintos ambientes. Lo mejor, sentarse en el claro de Sheep Meadow y ver a los americanos jugando a rugby y haciendo picnic. Esto sí fue de película.

Frente al Hotel Plaza intenté buscar a la loca de las palomas, la de “Solo en Casa 2”. Ni rastro de ella en Central Park.

Quizás en esta crónica de viajar a Nueva York he pintado nuestra experiencia mas “agri” que dulce. Lo dulce, pues sin duda hubo más cosas que me fascinaron, lo iremos desgranando en otros artículos: los lugares cinematográficos, los museos, las rutas, el puente de Brooklyn… Y a pesar de que es una de las ciudades que cuenta con un turismo masivo del copón, no soportamos mcuhas colas. Nueva York está tan preparada para recibir millones de turistas al año que los lugares más demandados suelen organizarse por cupos, o sea, por citas para no dejarnos esperando muertos del asco. ¿Merece la pena viajar a Nueva York o incluso volver? Desde luego que sí. ¡Paren las rotativas que volveremos!

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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