Balneario Lucáks: una experiencia compleja en Budapest

Una de las experiencias indispensables en Budapest son los balnearios. ¿Por qué? Es como ir a Venecia y no no disfrutar de sus canales. De hecho la capital de Hungría fue nombrada “Cuidad de los Balnearios” en 1934. No es casualidad. Budapest cuenta con 118 manantiales de los que brotan cerca de 70 millones de litros de agua al día. Menudo gasto, ¿no? Pues no. Propios y extraños acuden en masa a sus diferentes balnearios porque estos centros forman parte de la rutina. El Balneario Lucáks es uno de los más importantes, y nosotros fuimos y te lo describimos. ¿Cómo se te queda el cuerpo? El nuestro salió templado…




Es cierto que en Budapest hay balnearios más importantes como el Balneario Gellert, el Balneario Rudas o (con el que me quedé con ganas) el Balneario Széchenyi. Nosotros habíamos leído la amplia información de Viajeros al Blog sobre éste último y tenía pinta de ser muy acogedor. De hecho la idea tras nuestros planes de qué ver en Budapest era ir el primer día a uno, y el segundo día a otro. Pero estábamos tan cansados del viaje que nos espatarramos en el hostal de Budapest y perdimos la experiencia en Széchenyi. Pero, ¿por qué el Balneario Lucáks y no otro?

Si seguís nuestro blog (ya estáis tardando en suscribiros) sabréis que somos muy fans de las city cards. En la capital húngara dispusimos del Budapest Card de 24 horas, que incluye entrada libre a algunos de sus monumentos más emblemáticos, transporte público gratuito y experiencias incluidas como… si, el Balneario Lucáks. Así que no quisimos desaprovechar y allá que nos fuimos. Tomamos el metro e hicimos trasbordo con la línea amarilla, en Margit Bride. No son ni 10 minutos andando hasta allá pero hay estaciones de tranvía que os dejan más cerca.

Nuestra recomendación desde ya es que llevéis vuestro propio bañador y la toalla. Hay un servicio de alquiler de toallas que nosotros usamos y que, aunque no es muy caro, lo cierto es que para encontrarlo fue difícil (y la toalla, malísima, no seca nada). En verdad todo en ese complejo es difícil. Nos costó un huevo y parte del otro orientarnos. ¿Dónde estaba el vestuario? ¿Y cuál de ellos, porque habían miles y diferentes? ¿Y la piscina? Que además habían varias y no en todas teníamos permiso…
 

No. No hubo ‘pool party’ el día que fuimos, y no por falta de ganas. FUENTE: lucacksbaths.com

Vayamos por partes: en la taquilla enseñas la Budapest Card y te ponen la típica pulsera. Luego entras como en un metro, con un acceso rotatorio sobre el que tienes que validar dicha pulsera. Allí hay una chica de información a la que le preguntamos. Aún así nos costó orientarnos porque el Balneario Lucáks es bien grande. Nosotros queríamos ir a la piscina termal, pero hay otras que es para practicar natación. Estas fueron las primeras que vimos, una vez en chanclas, y nos zambullimos por la emoción. Pronto nos echaron porque es obligatorio el uso de gorros en ellas.

Buscando un poco más llegamos por fin a la piscina termal. Está como en un patio interior y tiene bastantes zonas con diferentes chorros de agua. Por un lado, un semicírculo que es en plan jacuzzi. Alrededor de él hay un corredor de agua donde hay corriente, sí, como un auténtico parque acuático. Nosotros nos agarrábamos de la pared para sentir ese flujo en el cuerpo y era placentero. En el otro lado de la piscina del Balneario Lucáks está la superficie con chorros desde el suelo sobre el que situarse, así como cuellos de cisne y explanadas con burbujas donde tumbarse como si fueran hamacas. Lo mejor de todo, los cuellos de cisne, que teníamos el cuello y espalda muy tensos.

Por una puertecita con cortinas al estilo ‘matadero’ se accede a un charco de piedras. Esto es bueno para los pies. Es matador pero te agarras a los pasamanos y das un par de vueltas sin riesgo a caerte. Además, en este lado la temperatura del agua es muy fría a diferencia de la piscina, pero ese cambio de temperatura también es beneficiosa para la sangre. Nos enteramos de que además habían distintos tipos de saunas y cabinas de vapor dentro, pero ya era tarde.
 

El Balneario Lucáks casi nos pilla cerrado, aunque con esa luz parecía más una discoteca que otra cosa.

Estuvimos en el Balneario Lucáks cerca de dos horas y media, ¡y porque cerraba! Salimos de allí como dos papas arrugadas. Fuimos hasta la taquilla donde dejamos nuestras pertenencias (que también nos costó volver al sitio) y de vuelta al hostal, súper relajados. Eso sí, tampoco me pareció que este balneario fuese lo más. Cumple con su función pero hay otros en Budapest que son más espectaculares. Aún así, si tenéis la Budapest Card no dejéis de ir, o si queréis hacer un circuitos de balnearios húngaros, pues también.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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