Verona, una pequeña ciudad maravillosamente construida

Italia es uno de esos países que están llenos de rincones para el embeleso. Das un paso y estás en la “ciudad del amor”. Das otro paso y estás en otra “ciudad del amor”. Pues Verona entra dentro de esa categoría de sitios mágicos, sobre todo gracias a Romeo y Julieta, obra del dramaturgo inglés William Skakespeare. Esta región del Véneto fue la primera parada de nuestro tour #EuropaCentra2 y hemos de decir así, de primeras, que Verona es muchísimo más que un escenario de novela. Os vamos a contar qué sensaciones nos trajo y si merece la pena visitarla más allá del Balcón de Julieta.




Comenzamos categóricos: NO MERECE VISITARLO. No la ciudad italiana, sino el Balcón de Julieta. Ya sabíamos de antemano, cuando planeamos qué ver en Verona, que se trataba de un lugar “prefabricado” para tal ocasión. Es decir, ni Julieta se asomó ahí y dudamos siquiera que en el siglo XVI hubiese un balcón. Cierto es que se trata de un antiguo palacete señorial, de orígenes del medievo, que guarda además un viejo escudo de armas con el apellido de la familia Cappeletti (al igual que los Capuletos, también se atestigua la existencia de los Montesco). Pero nada más. La tradición popular sitúa la inspiración de Shakespeare en esta casa, pero ya sabemos cómo funciona la cosa y más cuando hablamos de turismo, que todo se glorifica.

La Casa de Julieta fue de hecho nuestra primera parada. Pero sólo para la foto (y para comprar la Verona Card con el que nos ahorramos unos durillos en la ciudad). Como temíamos, el lugar estaba infestado de turistas y era imposible sacarse una foto con la escultura de Julieta y sobarle ese seno al que tanto le han sacado brillo. No digamos ya asomarse en el balcón. Aunque la Verona Card incluía la visita a esa casa-museo (con cosas de la época, pero no hay mucho más destacable) decidimos con acierto invertir nuestro tiempo en ver de Verona otras cosas mejores. Sólo íbamos a estar un día que, por cierto, la ruta de Un Blog de Palo nos vino genial.
 

Flipando con la Casa de Julieta, sobre todo por la peña que había dentro amontonada.

En Verona hay un circuito propio de iglesias, a cada cual particular. Nosotros entramos a las más destacables, como a la Iglesia de Santa Anastasia. Lo que más me llamó la atención es lo grande que es por dentro, con una impresión de planta cuadrada (vamos, que parecía una sala de fiestas), y su decoración y pinturas tan recargadas. Y, por supuesto, nos dimos un salto a la Catedral de Verona. Es un complejo grande pues bajo ella, a un lado, sobrevive la iglesia paleocristiana. Visitar sus restos arqueológicos nos resultó más curioso que el interior de la Catedral en sí (también porque cuando fuimos, en verano de 2017, estaba llena de andamios).
 

Iglesia de Santa Anastacia. ¿Es o no como una sala de fiestas? Falta el de la Yamaha.

Verona quizás gana, más que dentro de sus edificios, por fuera de ellos, como las plazas comunes. La Plaza Delle Erbe no es que sea muy grande, pero tiene un montón de detalles, tanto de esculturas como por los edificios que la rodean. Nosotros porque íbamos con mucha prisa, pero recomiendo pararse en cada una de ellas y leer un poco sobre ellas para descubrir historias increíbles. La que no me pareció para tanto es la Piazza Dei Signori. Es una cacho plaza con una escultura de Dante plantada enmedio y ya. Sí es cierto que su callejuela y los trampatojos me atrayeron mucho.

En una esquina de esta plaza, en Verona, está el Arche Scaligere, un conjunto de monumentos funerarios de la familia Della Scala, que estuvo semi-abandonada entre los siglos XVI y XIX pero afortunadamente rescatada para el turismo. Son como panteones al aire libre y portentosos, que aunque no llaman la atención al estar “escondido” entre edificios altos, hay que pararse a verlos.
 

Monumento funerario de la familia Della Scala. ¡Está de muerte!

El casco antiguo de Verona está rodeado por el rio Adigio, así que cuenta con numerosos puentes siendo el más bello el Puente de Piedra. Aunque la gente no tenga que cruzar para nada, muchos se paran en él para ver el agua correr y hacerse una selfie. Y la verdad es que el ambiente es súper idílico. Otro puente a destacar es el Puente de Castelvecchio, con un aire más moderno pero muy señorial. Es característico por su altura y su color de ladrillo. Pero más recomendable es visitar el propio Castillo de Castelvecchio, erigido como fortaleza de los Della Scalla (hoy moribundos, como vimos) y convertido en un museo artístico de la Edad Medieval y Moderna. No tiene obras especialmente deslumbrantes pero cómo están expuestos es fascinante.

He dejado para lo último la perla de Verona. O al menos la perla que nosotros pudimos ver, ya que el Verona Arena se nos resistió y cerró sus puertas en nuestras propias narices. Subimos hasta la Torre Dei Lamberti y a patita, ¡con nuestras propias maletas! (pues veníamos directamente desde el aeropuerto, pero por suerte es una ciudad pequeña y no hubo que andar mucho de acá para alla). Desde aquí divisamos el “skyline” de Verona, incluso los montes que la rodean al norte, que parece el Olimpo. Cómo no nos íbamos a enamorar de esta ciudad de Italia, si en un espacio tan reducido tiene tanta historia y tan bien construida.
 

Plaza Delle Erbe vista desde la Torre Dei Lamberti.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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