Praga: el encanto histórico contra la presión del turismo

Praga, conocida también como la ciudad de las “Cien Torres” (debido a las torres que están repartidas por ella) es, sin lugar a dudas, una ciudad muy pintoresca y de gran interés cultural si te gusta eso de hacer turismo. Pero no todo brilla en la capital de la República Checa. También, como en todos lados, nos encontramos con cosas un pelín especiales en la visita de tres días que realizamos dentro de nuestro tour #EuropaCentra2. Fuimos con una lista de cosas que ver en Praga, pero una vez allí confirmamos esta serie de recomendaciones que hace nuestra travel blogger Lena.




Para empezar con algo negativo (y ya dejarlo) la verdad es que el clima no es que fuera el mejor o al menos el que nos esperábamos. Empezando septiembre, ¡se nos puso a llover! Pero nosotros, cabezones siempre, no nos asustamos y seguimos paseando por Praga como si no pasara nada. Por otro lado está el tema del dinero. Siempre es un latazo estar en un país con otra moneda diferente, ¡y más si está en la Unión Europea! Pero se puede sobrevivir. Por último, algo un poco más molesto (y cada vez va a mayor) era la cantidad de turistas que estaban prácticamente en todos lados. Llegó un punto en que era agobiante pasear por sus calles o tratar de entrar en un monumento.

Como bueno, Praga es muy bonita. Sus monumentos, desde el Castillo (con su cambio de la guardia incluida), hasta el puente de San Carlos, o el famoso Reloj Astronómico. Y muchísimas cosas más que, de verdad, son espectaculares. Además, al ser una ciudad bastante grande hay mucho que ver y por hacer. Por otro lado se observa que es muy cultural, con varios museos, teatros, etc. 
 

La Torre de la Pólvora, así, tan morenita por el paso del tiempo.

Nosotros tuvimos la ventaja (o desventaja) de estar en una zona no muy céntrica de Praga. ¿Y por qué es una ventaja? Porque nos permitió de lo “típico” que todo turista visita en la ciudad. El centro, vamos. Nos quedamos en un apartamento en el Parque de Carlos (el Karlono náměstí, vamos). Lo primero que hicimos cuando llegamos fue al barrio de Vyšehrad. Es una colina fortificada que ha estado habitada desde la Edad Media (aunque poco queda de esa época). Cuenta con un coqueto cementerio (que no pudimos ver al llegar tarde) y varios monumentos. Nos dio tiempo a ver la basílica de San Pedro y San Pablo, así como un breve paseo por su parque… hasta que se nos puso a llover. 

Lo mejor de visitar esta fortaleza es, además de pasear por su parque y ver los monumentos es… ¡Que apenas hay turistas! A pesar de ello las fotografías que se pueden hacer desde lo alto de la colina son espectaculares. Por otro lado, a nosotros nos quedó de camino la Casa Danzante, cuyo trabajo se hizo en colaboración con Frank Gehry. Aunque va a ser muy difícil que hagáis fotos limpias como se ven por internet, ya que en la zona hay cables de los tranvías, un tráfico bestial, gente por aquí y por allá, etc. 
 

La Casa Danzante, tan retorcida, quizás como la mente de su arquitecto.

Pero Praga tuvo mucho más que aportarnos. Su centro es de gran belleza. La Torre de la Pólvora (antigua puerta de entrada a la ciudad), la Plaza Vieja y todo lo que hay a su alrededor. Desde la iglesia de Týn (a la que se accede desde las viviendas que hay delante) al ayuntamiento de la Ciudad Vieja, cuya parte quedó destruida durante la II Guerra Mundial. Y cómo no, una de las mayores atracciones: el Reloj Astronómico cerca de la plaza y que realmente se encuentra en un lateral del ayuntamiento. 

El barrio judío (Josefov) también merece la pena una visita. La Sinagoga Española o la Sinagoga Vieja de Praga, que fue la que creó la leyenda del golem de Praga. No queda tanto como nos gustaría del viejo barrio judío, que se convirtió en uno de los más grandes e importantes de Europa. A pesar de su tamaño, al final acabó desbordando. El mejor ejemplo es el cementerio, que es más alto para poder enterrar más cuerpos encima. Así nos lo contó el guía del free tour, que nos hizo un recorrido de tres horas.
 

La Sinagoga Española, lo que tiene de española es su estilo mudéjar.

Planificamos pasar tres días en la capital checa con gran acierto, porque no paramos de ver cosas en Praga. El Castillo de Praga, la fortaleza medieval más grande del mundo, es toda una atracción. Además del cambio de guardia en el interior del castillo hay de todo: la Catedral (de San Vito), barrios enteros, etc. Destacaríamos lugares como el Callejón de Oro, Basílica y el Convento de San Jorge, entre otros. Para entrar a muchos de estos hay que pagar, así que preparad la cartera si queréis verlos.

Dejamos para el final los museos. Siendo sinceros tenemos que decir que fueron francamente decepcionantes. Sólo fuimos a tres pero con eso nos conformamos (no queríamos arriesgarnos más). Quizás el más llamativo es el Museo Nacional de Praga. Pero desgraciadamente está en obras. Ahora tienen abierto parte del museo en otro edificio pero la verdad es que es un timo. Dos salas de exposiciones y poco más, y el precio alto para lo que ofrecen. Hasta que no vuelvan a abrir el museo original no merece la pena acercarse por ahí. 
 

Desde la Plaza de Wenceslao vemos al fondo el Museo Nacional de Praga original. Ojalá lo abran pronto.

Otro centro que visitamos fue el el Museo del Comunismo. Se trata de un nuevo museo que ha sido completamente remodelado y moderno. La información está en checo y en inglés, así que si no sabéis ninguno de estos idiomas os va a costar entenderlo. Prácticamente vais a estar todo el rato leyendo paneles con información sobre todo tipo de temas. Nosotros no somos muy comunistas, pero estudiamos Historia. Al final es un poco incómodo cuando lees paneles donde todo lo comunista es malo. Que si en la carrera espacial habían logrado avances gracias a los alemanes capturados en la II Guerra Mundial, que las casas construidas eran frías, que si eran buenos en deportes eran que se dopaban, etc. Tienen algo malo para cada cosa y ninguna buena, lo que dudamos de su rigurosidad.

El tercer museo al que entramos fue el Museo de Máquinas Sexuales. Tiene un precio salado, unos 8€, y lo cierto es que se visita en poco más que una hora (si no vas a todo trapo y te paras a apreciar sus detalles). Había escaparates que hasta estaban de más, como para hacer bulto, pues decían que determinados aparatos estaban relacionados con un uso en el sexo. Pero, bueno, curioso sí que era.




Como conclusión invitamos visitar Praga sin duda alguna, y dedicarle como mínimo esos tres días porque aún así nos quedaron cosas por ver (aunque las imprescindibles nos las comimos todas). Por otro lado, mirad bien la previsión del tiempo de la capital de la República Checa unos días antes, sea la estación que sea. Comprendimos que no hay que fiarse. Y, finalmente, os decimos que ir a sus museos, mejor dejarlo para otra década.

Autor entrada: Vacaciona2 - David

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