Murano y Burano: la Venecia tranquila

Una de las cosas innegables de la vida, aparte de que el cielo es azul, es que no hay nada que mate tanto a Venecia como el turismo. Así es. Esas estampas idílicas de los paseos por la Plaza de San Marcos, esas travesías en góndola, el comerte una pizza a orillas del Gran Canal… dejan de ser románticas cuando giras la cabeza y hay mil chinos sacándote una foto. Sin embargo hay un rincón de Venecia que conserva todo ese encanto sin sufrir empujones. Hablamos de las islas de Murano y Burano, sinceramente, lo mejor de mi paso por Venecia.




Toda mi vida he deseado visitar la Laguna véneta, esas islas artificiales construidas sobre el Mar Adriático declaradas Patrimonio de la Humanidad y que tanta historia tienen. También bellos paisajes que no vas a encontrar en ningún otro lugar (por más que llamen a una o a otra ciudad “la Venecia del Norte” o de dónde vaya usted a saber). Íbamos avisados de que la propia Venecia está infestada de turistas. De hecho ya nos hicimos eco de esa impresionante noticia de que estudian limitar el acceso a la misma para evitar que se siga hundiendo. Nos dejamos caer durante nuestro tour #EuropaCentra2 y no me decepcionó (en su conjunto) a pesar de esa marabunta.

En nuestro último día decidimos tomar un vaporetto y marcharnos a conocer los alrededores de la propia isla de Venecia. Todos hemos oído hablar de Murano porque hacen unos cristales de vidrio soplado a la manera tradicional (aunque todos en casa tengamos vasos de Ikea). Y, ¿Burano? ¿Qué es Burano? ¿La secuela de “Murano”? No me llamaba especialmente la atención por eso mismo, porque son tan poco conocidas que me daba miedo perderme alguna cosa más de la famosa Venecia. Ello implicaba viajar en vaporetto, que es para los venecianos como tomar el bus, pero que un billete sencillo cuesta como seis veces más que en España.
 

Imagen que te dice que estás en Murano sí o sí.

Optamos por pillar un billete válido 24 horas. Nos sablaron 20€ pero lo amortizas con tres viajes. Entre que bajamos y subimos por cada rincón pues hicimos siete travesías. Para ir a Murano y Burano nada mejor que tomar las líneas 4.1 o 4.2 desde la parada Fondamente Nove, que es una de las principales de Venecia. Ya que estábamos (y porque nos llamó morbosamente la curiosidad), hicimos un primer alto en el Cementerio de San Miguel, que es la primera isla del trayecto. Decir “enooooorme” es quedarse corto. Habían lápidas muy artísticas y de estilo decimonónicas preciosas, pero si lo gótico no es lo tuyo mejor pasa de largo.

La siguiente parada de nuestra visita a Murano y Burano fue Colonna, el primer contacto con la isla de Murano. Nada más bajar y doblar la esquina llegamos a lo que parece ser su calle principal, plagada de tiendas de cristales. Y muy artísticos. En el siguiente vídeo comprobaréis por qué no tenemos una de esas piezas en casa. Aunque los hay para todos los gustos y merece pararnos un rato a admirar ese trabajo. Un poco más adelante llegamos a la Torre del Reloj en Campo Santo Stefano. Realmente lo que nos llamó enseguida la atención fue la escultura de vidrio azul que se encuentra a sus pies. Las imágenes que tomamos ahí son de escándalo, maravillosas. En una misma instantánea reunías un edificio clásico de tono apagado con una explosión vítrea en azul océano, que parece de otra galaxia.
 

 
Entramos en la Iglesia de San Pedro Mártir, al otro lado del puente. Pero su interior no es que fuese gran cosa. Así que no nos entretuvimos y avanzamos cruzando el Ponte Longo. Dimos un tranquilo paseo por la Riva Longa y de casualidad nos topamos con el Museo del Vidrio. Nos pilló cerrado aunque, pese a que nosotros somos muy de centros de interpretación, íbamos mal de tiempo y no era nuestra intención entrar. Sí que nos dejamos caer por la Iglesia de Santa María Donato, otro mazacote cuadrilátero. Cómo era posible que en un lugar tan pequeño hubiesen tantas iglesias, incluso hoteles. A simple vista parecían modernos alojamientos de congresos.

Seguimos nuestro recorrido por Murano y Burano tomando un vaporetto hasta la parada de Faro, donde hacíamos trasbordo para coger la línea 12 hacia Burano. Aquí tuvimos un pequeño percance, y es que el barco se dio un taponazo con uno de los palos del muelle al arrimarse a la parada. Digo yo si es algo natural porque allí nadie se extrañó salvo nosotros. No esperamos mucho y ya estuvimos en dirección a Burano. Este viaje sí es mucho más largo, en torno a media hora. Sin embargo vimos la Laguna véneta en todo su esplendor, así como casas y mansiones derruidas por el camino.




Nosotros nos bajamos una parada antes de la estación central de Burano por error, aunque las distancias son bastante cortas y así pudimos ver un poco más del paseo marítimo y el puerto. El centro es lo que visteis en el vídeo: un par de bares juntos y ya. Pero para qué necesitamos más… Eso sí, lo bueno de Burano está en su interior. Una serie de pequeñísimos canales donde se reparten bellas hileras de edificios coloridos. Nada altos pero muy de estilo pesquero, lisos y sencillos.

Está claro que Murano y Burano también reciben turistas, pero en un número nada comparable con el que acoge Venecia. De hecho, llegamos a ir más allá por donde suelen pasear los extranjeros y bordeamos Burano. ¡No había absolutamente nadie!, ni siquiera lugareños. Vimos unos pocos, eso sí. Algún señor llegando a su casa en lancha, una maruja tendiendo su ropa… Nos hicieron entender que a diferencia de las dos anteriores islas se veía que aquí sí que residía una comunidad y con un ambiente tranquilo (perdonen la comparación, pero me recordó al pueblo grancanario de Agaete).
 

Parece que los colores del arco iris se derritieron sobre las casas de Burano…

El día estaba oscureciendo y las gaviotas estaban como media locas, porque no paraban de graznar a nuestro alrededor. Junto con el silencio, parecíamos empezar a protagonizar una película de terror. Así que nos dirijimos hacia el centro de Burano para volver a Venecia. Fue un poco complicado porque las calles (que no “vías” porque aquí son más pequeñas) eran demasiado estrechas y hay menos donde ver en lontananza.

Ni que añadir tiene que Murano y Burano ofrecen una alternativa diametralmente distinta a Venecia. Tiene canales, iglesias, bares de ocio, tiendas… Pero con una tranquilidad que a ciertas horas se hace pasmosa (hasta de noche Venecia parece casi Las Vegas). Este ambiente tranquilo y alejado del turismo de masas hacen que ambas islas sean otro atractivo turístico. Pero esperemos que no nos escuche mucha gente, no sea que cambie y se llene de hordas asiáticas en busca de fotos.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *