Bratislava: una capital de paso

Así mismo: Bratislava es conocida por todos los turistas como una ciudad de paso, que se visita en un día. Llama la atención que la capital de un país pueda ser recorrida en tan poco tiempo, sí. Tenemos la idea de que si tiene tan poco, cómo será en sus otras ciudades o pueblos. Pero hay que decir que no por ello deja de ser interesante o preciosa.




Precisamente Bratislava fue uno de nuestros destinos durante nuestro tour #EuropaCentra2, que nos llevó a las principales ciudades de Europa central en agosto de 2017. Íbamos escuchando sin parar que era una ciudad fea, aburrida y con tan poco que ofrecer. Sin embargo nos gusta comprobar las cosas en propia persona (no vamos a dejar de viajar por los comentarios del vecino, que cada uno es de su padre y de su madre).

Al final comprobamos, y vamos adelantando un poco las conclusiones, que Bratislava es una ciudad…

  • Sorprendente. Por eso mismo, porque vas con tan bajas expectativas que te cruzas con una realidad que mola.
  • Molona, ya que estamos. Tiene esculturas bastante peculiares y actividades curiosas. Como esa partida de ajedrez gigante que nos encontramos de repente en la calle Hviezdoslavovo.
  • Divertida. Tiene calles con bastante ambiente, de tomar copas, ver partidos, meriendas, picoteo…
  • Con historia que contar. Bratislava no es que aparezca con mucha frecuencia en los folletos de turismo, pero porque las agencias no ven la cultura y el arte como algo vendible. De ser así, la capital eslovaca tendría su hueco. ¿Sabíais que en la Catedral de San Martín se coronaron los reyes húngaros durante dos siglos y medio?

 

 
Vamos a ser sinceros. Nuestra llegada a Bratislava no fue de ensueño. No llegamos a una estación con tiendas de Zara ni nos esperaba un Central Park a la salida. De hecho hay un cementerio, que más tranquilo sí que es. Los alrededores del casco histórico no son fotogénicos. Son para sus ciudadanos: casas, supermercados y un par de iglesias. Cosas prácticas sin aspiraciones a ser bellos, simplemente útiles. Eso sí, de camino habréis visto una escultura montada en moto y alguna que otra cosa curiosa.

Es bueno patear sus calles porque la sorpresa llega donde menos te la imaginas. Así es como llegas a la Iglesia de Santa Isabel, que está un poco perdida de la mano de Dios. También es conocida como la “Iglesia Azul” por su color tan pálido. Aunque yo creo que su verdadera gracia son sus formas “dibujoanimadas”, pues parece el castillo de la Bella Durmiente. El estilo Art Decó es lo que tiene… Resulta chocante ver un templo religioso vestido con esas pautas tan suaves y redondas.
 

No es Eurodisney. Bratislava también tiene edificios donde la gente son felices y comieron perdices.

Es llegar al centro de Bratislava (a unos 15 minutos a pie de la estación de bus) y encontrarte con otra cosa. Antes de meternos de lleno pasamos obligatoriamente por delante del Palacio del Primado (por fuera no es gran cosa pero en el vídeo cuento su importancia) y la Plaza Župné, donde está un espacioso cruce de tranvías y la arqueada Catedral de San Juan de Mata y San Félix de Valois.

Luego sí que nos metimos por una especie de callejuela que parece que no lleva a ninguna parte. Pero desde ahí ves el pico más alto de la Puerta de San Miguel, una de las cuatro entradas medievales de la antigua Bratislava, y sólo tienes que dejarte guiar (¡se llega en nada!). En su interior se halla un museo sobre las fortificaciones locales, pero no entramos. Ni a ese ni a cualquier otro. Curiosamente teníamos el día tonto y preferíamos callejear.
 

Calle Michalska (por eso de la Puerta de San “Miguel”). Está un poco vacía porque era pronto. Pero a la hora de comer está de bote en bote.

Bratislava es una buena ciudad para callejear. En realidad no es que tenga muchas calles con opciones. A partir de la Puerta de San Miguel se vertebran dos calles que discurren de una punta a otra, y sólo en las dos últimas calles paralelas puedes encontrarte otras alternativas. Pero aún así es un estrecho tramo lleno de vida que nos contagió: pubs, restaurantes, heladerías… Era más restauración que tiendas comerciales, lo cual también nos agradó (para un turista es lo mejor).

Eso sí, y hablando ya de precios, la capital de Eslovaquia no es que sea precisamente barata. Quizás si salimos de ese centro, posiblemente (que no lo intentamos). Pero las tarifas para comer eran muy de turista medio europeo (entorno a los 10€ el plato), por lo que estuvimos buscando bien una mesa para no arrepentirnos. En materia de souvenirs, otro tanto de lo mismo. Pero sí que disfrutamos de un helado tradicional a 1,20€ el cono. Y así, en muchas heladerías de Bratislava. Es una buena ciudad para refrescarse, desde luego. De hecho, en la Plaza Hlavné había un arco aspersor y bastante transitado.
 

Ya veis. El que pasaba calor es porque quería.

Si hay dos iconos de esta ciudad son sin duda Čumil y el Castillo de Bratislava: el primero es una escultura llamada también Man at Work, y podrás encontrarla asomada por una alcantarilla cotilleando qué es lo que hacemos los demás. Se cuenta que si le tocas da suerte. Son muchas cosas las que se dicen para incrementar la popularidad, pero a la obra de Viktor Hulík no le hace falta por lo ingeniosa que es. Pero hay más de ese estilo localizadas por toda la capital eslovaca.

La segunda imagen de Bratislava es su Castillo. Creíamos que subir hasta él se nos iba a hacer cuesta arriba pero no. Además, que a medio camino hay un mirador donde hicimos un parón para sacar fotos con el móvil. El edificio no es que sea un portento de la arquitectura. En su gran parte está reconstruido, así como su jardín trasero. Pero ahí hicimos un parón de verdad para descansar de tanto día de pateo, porque al final y aunque cruzamos las mismas calles para arriba y para abajo, no descansamos.




En definitiva, hay que ir a conocer Bratislava. Un día da más que suficiente, aunque ya si entras a sus museos pues el tiempo lo vas a tener justo. La capital de Eslovaquia no tiene edificios espectaculares pero sí que es ideal para un paseo y una tarde entre amigos, con una birra de por medio. Está a una hora de Viena y casi tres de Budapest. Quizás si pernoctas disfrutarás de ese ambiente nocturno que no pudimos nosotros, y parecía prometer por la tarde. Si lo haces, ¡cuéntanos!

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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