Una asombrosa tarde en el Museo de Cera de Madrid

Asombrosa, por decir algo bonito del Museo de Cera de Madrid. No nos engañemos: de sobra es conocido que este lugar no destaca por la fidelidad de sus figuras al parecido de las celebridades. Y aunque yo ya había ido un par de veces, decidí preparar la cartera y regresar para ir con David. Éramos conscientes de lo que había pero teníamos intención de echarnos unas risas ahí dentro. Así que  voy a dedicar unos párrafos a contaros nuestra experiencia y preparar vuestras mentes si un día decidís internaros en sus macabras galerías de famosetes deformes.




Llegar hasta el Museo de Cera de Madrid no tiene dificultad. De hecho una de sus entradas está dentro del propio Metro, estación de Colón (línea 4). Nada más bajaros del vagón ya hay letreros que os indican qué dirección debéis tomar. Vamos, que todo está muy bien preparado. Y si vais a pié lo tenéis en la misma Plaza de Colón, esquina con la calle Génova. Hay carteles enormes, pero si veníis con los ojos dilatados del oculista hay una rana gigante junto a las escaleras (que poco pinta ahí enmedio, la verdad). Por aquí os dejamos el folleto donde están todas las indicaciones, que no se diga:
 

 
Mi mayor queja con respecto al Museo de Cera de Madrid ya no son sus figuras (más o menos logradas o no), sino su disparatado precio. La entrada estándar cuesta 19€, que es cara para lo que vamos a ver. Las alternativas de descuentos son bastante pocas: 12€ para menores de 12 años y mayores de 65. Antes de ir echamos un ojo a portales de descuentos, que muchas de las principales atracciones de Madrid cuentan con ello. En este caso habían muy pocas por no decir ninguna, ya que estaban caducadas para la temporada a la que íbamos. Después de tanto rebuscar dimos con Vuelve a Madrid, que sólo ofrecía un 10% de descuento y para una sola entrada. Algo es algo.

El Museo cuenta con dos “atracciones” (bien entrecomilladas) más por las que os recomiendo pasar antes para que no amarguen a la salida: una de ellas es el “Tren del Terror”. Es lo típico, como un tren de la bruja donde hay figuras que supuestamente dan miedo como Tiburón, un T-Rex comiéndose a un niño-momia y Jar Jar Binks. Sí, señores. Star Wars está embutido ilógicamente en esta amalgama de despropósitos animatrónicos que culmina con Rambo (si Stallone se enterara iba a ir con una ametralladora de verdad). En el vídeo que hicimos de la visita veréis que no ha sido producto de nuestra imaginación:
 

 
Como habréis visto en el vídeo, luego pasamos al simulador, que está plantado en medio de ese patio de luz donde está el edificio. Creeréis que por allí pasó una feria y se lo dejó olvidado. Puede ser. Pero el simulador también forma parte del Museo de Cera de Madrid. Se mueve de una forma horrorosa y si tenéis dolor de espalda no os recomiendo que montéis (mi madre ya lo pasó bastante mal un año que fuimos). Antes la imagen era de una montaña rusa pixelada pero por fin acertaron en cambiarla por un chino  que nos llevará en su tuk-tuk suicida por la Gran Muralla.

Para entonces ya tendréis el cuerpo templado para entrar al propio Museo de Cera de Madrid, empezando por la planta baja, la Galería de Reyes. Realmente si no conocéis de historia no valorareis mucho esta parte, aunque los artífices del museo tuvieron la genial idea de colar a actores famosos que dieron vida a algunos de ellos en la gran pantalla (uséase, Elisabeth Taylor y Richard Burton en Cleopatra). Quizás la joya de la corona es Francisco Franco, que habrá tentado a más de uno a hacerse una foto cachonda.

Volvemos a salir para entrar en la Galería Principal, justo a las taquillas. El arranque será la familia real española junto a los Fusilamientos del 2 de Mayo de Goya (no os preocupéis, que este ambientazo ecléctico marcará la pauta del resto del recorrido). Aquí nos cruzaremos la que quizás sea figura representativa del Museo de Cera de Madrid, la Infanta Leonor, protagonista de múltiples memes cuando se atrevieron a hacer el muñeco público.




El visitante hará un paseo por la historia desde un punto de vista eurocéntrico, y yo diría que bastante recalcitrante por los diversos capítulos de España. Parece un montaje hecho para la gracia de la Dictadura, pues ensalza el poder del Imperio español contra la cultura indígena, que aparece postrada como perros. Todo esto vendrá salpicado por Antonio Banderas y Angelina Jolie, como si fueran presentadores en el tiempo de este documental subjetivo.

Cuando paséis delante del Café Gijón con literatos que jamás compartieron un cortado aquí, habréis llegado a la edad contemporánea. No sin antes cruzar la plaza de toros con las figuras más insignes de la fiesta nacional. Será entonces cuando lleguéis a la sección que más gusta a los visitantes, o sea, el de las estrellas más actuales del panorama: desde Mark Zuckerberg a Leonardo DiCaprio, pasando por Cristiano Ronaldo y un africano desarrapado que según el cartel es Pelé.
 

Taurinos de cera donde no falta “naide”, desde Orson Welles hasta Jesulín de Ubrique. IM-PRESIONANTE.

Un cuartito más apagado os avisará de que os adentráis en la zona moribunda de figuras terroríficas, como Frankenstein, la Momia, el hermano abortado de Robert Pattison ¡o Alaska! Si os veis con fuerza subid las escaleras que os llevará directamente a, uh, oh, qué miedo, la Galería del Crimen. En ella veréis pasajes que se explican a través de locuciones radiofónicas que os transportarán a la época negra (esto sí que no es ironía, es un halago), además de escenas de la Santa Inquisición y Curro Romero.

Si los pies os siguen respondiendo bajareis para encontraros con la sala de los políticos, reunidos como si fuera un comité de la OTAN de la muerte, para pasar al altar de los papas y evangélicos. Apartado de este meollo con cortina de terciopelo está el boulevard repleto de cantantes y actores de renombre. No necesariamente internacional, pues veréis a Sofía Vergara junto a Carmen Sevilla, o a Woody Allen dando la espalda a Lina Morgan tal y como podría haber sucedido en la vida real (con la de inspiración que le podría haber dado la cinta Fin de semana al desnudo).
 

¿Cuál de las tres figuras es de cera? Tenéis que ir al Museo y descubrirlo.

El cénit del Museo de Cera de Madrid no podía ser de otra manera: un carrusel con los personajes más variopintos del mundo infantil y juvenil: Heidi, Miliki, Harry Potter, una muñeca de las Bratz, un Angry Bird… A un lado, la familia Simpsons o al menos en su época cuando se emitía en El Show de Tracy Ullman. Suerte que justo al lado está el acceso a los aseos para que podáis vomitar toda esta fiesta de luz y color.

Sí, quizás me he pasado de la raya con mi recorrido crítico. Pero os adelanté en un principio, la visita al Museo de Cera de Madrid hay que tomársela con sentido del humor (como este artículo). En caso contrario, no te tomes la molestia de ir salvo que quieras sentirte estafado. Sí es cierto que hay algunas figuras que tienen mucha similitud con el personaje original. Además, si os fijáis en los detalles (como en los del pelo, sobre todo) están bien trabajados. Pero son quizás sólo el 30% del conjunto. Es una atracción más propia para la familia y cachondos del frikismo como nosotros. Si estáis dentro de estas opciones, ¡adelante, mis valientes!
 

    • Web: Museo de Cera de Madrid.
    • Precio: 19€, entrada general; 12€, menores de 12 años y mayores de 65.
    • Horario: L-V, 10-14,30 y 16,30-20,30; S, D y festivos, 10-20,30.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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