Surcando la costa de Santa Cruz de Tenerife

Tras descender el macizo de Anaga llegamos a nuestra meta. Una refrescante meta de brisa marina, barcos de lujo y riscos impresionantes. Así fue la segunda parte de nuestra actividad dominguera del Travel Bloggers Meeting, que habíamos comenzado con senderismo para acabar montados en un “water taxi”, surcando la costa de Santa Cruz de Tenerife. No abordamos a nadie pero sí que nos metimos por cuevas marinas y estuvimos a punto de conquistar calas inaccesibles.




La verdad que el #TBMTenerife dio para mucho, ¡y eso que sólo estuvimos tres días! El congreso de blogueros de viaje no sólo sirvió para compartir ideas y experiencias entre nosotros, sino también para vivirlas. Por eso nos lanzamos a algunas de las actividades programas por la isla de Tenerife. Una de ellas fue descender el macizo de Anaga, pateo que ya os contamos (si no, véase aquí).

Y es que Tenerife, como el resto de las Islas Canarias, se vive tanto por tierra como por mar. Por eso no hubo mejor guinda a tal pastel que recorrer la costa de Santa Cruz de Tenerife. Después de matar el “jilorio” (entiéndase, el hambre) con bocadillos de pata canaria, nos dirigimos al “muelle” de la Playa de Antequera. Allí habían dos “water taxi” de Náutica Nivaria. No hubo que subir el dedo ni enseñar una pierna. Más bien subimos la pierna porque los chóferes nos esperaban para dar una vuelta, como estrellas de Hollywood.

Anaga es una península que comprende la costa de Santa Cruz de Tenerife. Se trata de una de las zonas geológicas más antiguas de la isla, pero también de las más escarpadas. Por eso acceder a ellas a pie es muy complicado, si no imposible en algunos casos. Para todo hay remedio, y ya está el water taxi para ello. Fuimos abandonando la tranquila Playa de Antequera, salpicada de barcazas privadas (¿aquello era Hollywood, o no era Hollywood?), y comenzamos a bordear esos gigantescos riscos. ¿Que no? ¡Mirad el vídeo!
 

 
Increíble, ¿verdad? La travesía por la costa de Santa Cruz de Tenerife en barco, que duró cerca de 40 minutos, también dio para mucho. Nos metimos en una cueva que en realidad también es playa cuando la marea está baja. ¡Menudo fresco hacía, como para quedarse toda la tarde contemplando el socavón geológico formado por el empuje del mar! Una columna natural daba lugar a una ventana desde la que se podía ver la playa.

Después de que cada embarcación saliéramos de una en una, nos animamos a hacer una carrera de water taxis por la costa de Santa Cruz de Tenerife. Parecerá una tontería pero fue toda una atracción, con el chute de adrenalina que dio eso. No fue peligrosa para nada. El mar estaba en calma y el barco tenía como unas agarraderas, uno delante del otro, que en ningún momento me vi en el agua.

Como habréis visto conocimos además “los ojos del diablo”, otras dos grutas pero mucho más pequeñas que una al lado de la otra parecen que te están acechando. Nadie se fue con miedo en el cuerpo, más bien con impresión y que fue a mayor al acercarnos a esos enormes riscos. El detalle curioso fue ver un pequeño cementerio de nichos, como perdido encima de uno de ellos. Es el cementerio de Igueste, en San Andrés.
 

 
También pasamos por delante de diversas playas, una de ellas nudista (eso me lo dijeron, que no vi nada porque me entretuve grabando… ¡los ricos, eh!). Llamativo fue también ver ese apartamento, un poco ya hecho pisco, encajonado en una pequeña cala pero con aparcamiento suficiente para que los bañistas acudieran a su playa. Y finalmente llegamos al destino previsto, a la Playa de las Teresitas. Y no, no hubo choque náutico como se dice en el vídeo (que David tiene mucha guasa). Lo cierto es que fue una experiencia que no sólo disfrutamos con los ojos sino con el resto de los sentidos.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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