El Carnaval de Tenerife y de cómo lo vivimos

Tenemos que reconocer que muy carnavaleros no somos a pesar de llevar sangre bonita canaria. Sin embargo sí que nos gusta probar de todo y ya sería una falta de respeto con nuestra cultura no disfrazarnos y echarnos a la calle. David y yo estuvimos varios años estudiando en Tenerife, cuyas carnestolendas son una de las mejores del mundo (no es que lo digamos nosotros, es que lo dicen hasta en la China). Varias noches fueron las que pasamos entre chiringuitos y escenarios, disfrutando ya no sólo de la música o de la feria sino de su gente, de su ingenio y la simpatía que es la que pone color al carnaval de Tenerife. Es hora de contar cómo vivimos esta experiencia y (a toro pasado) contar un par de anécdotas que sólo podían ocurrir en las fiestas de Don Carnal.

En primer lugar hay que puntualizar eso del “carnaval de Tenerife”, que cuando mucha gente lo señala o lo ve por la tele lo que realmente es el carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Prácticamente todos los municipios de Canarias celebran el suyo propio, solo que el de la capital provincial es el más famoso ¡y por méritos propios! Las “fiestas de invierno”, como sutilmente se les llamaba en tiempos de Franco, ya tienen siglos de historia. Incluso figura en el Libro Guinnes de los Récords al acoger en 1987 el concierto al aire libre más multitudinario (250.000 personas vieron a la gran Celia Cruz, ¡y azúcar!). Obvio que sea seria aspirante a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Hecho un poco de repaso biográfico, vamos a lo que vamos: al carnaval de Tenerife a lo que se va es a disfrutar. Pero a disfrutar DISFRAZADO. Que a nadie se le ocurra salir una noche vestido de calle, que se le consideraría una ‘rara avis’ (es el sentido de estas fiestas, la contrariedad, como nadie iría pintado de Pitufo gruñón una tarde cualquiera). Aunque sea una peluca, ¡pero póntela! Tampoco hay que pasarse, porque he visto yo a gente “disfrazada” con su pijama de andar por casa (mi verdadero susto fue ver que llevaba el mismo modelo que el mío). Al menos adórnese con una cicatriz o unos dientes postizos. La cuestión es llamar a la guasa y, oye, también invita a acercarse a ligar.
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Quien me conozca estará diciendo entre risas “mira quién lo viene a decir”. Y es que a este respecto se me ocurre;una anécdota épica de los carnavales de Tenerife en 2008. Si habéis visto nuestra foto superior comprenderéis que iba disfrazado de algo. Vale, no es muy conseguido pero se trataba de ir de Po’ zí ¡Amparo! Toda la noche caminando corcovado y recitando a Ama Rosa para que venga una mujer a insultarme por no ir disfrazado, “porque gente como tú destroza el carnaval”. Me quedé pensando qué clase de personas está acostumbrada a ver esta señora en su día a día… Esto es para que os deis cuenta de la importancia de un disfraz y lo que significa para los carnavaleros.

El carnaval de Tenerife llena sus principales calles de chiringuitos (conocido como “carnaval de calle” o “carnaval popular”), cada una de ellas con su ambiente, su música, su “rollito”. Es como una hiper-mega-macro discoteca con varias salas y a la que vas donde mejor te lo pases bien. O vas cambiando, porque la gente allí rara vez se queda toda la noche en un mismo sitio. Lo malo es meterse entre todo el gentío, porque de nada sirve que pongan tu canción favorita si luego no tienes un centímetro libre para poder bailar. Nosotros al final disfrutábamos cruzando calle por aquí, calle para acá, interactuando con la gente, “ay, qué mona vas de Hello Kitty”, “ay, ven a morderme si vas de Drácula” y cosas así. Los disfraces que más llamativos desde luego suelen ser los caseros, los bien trabajados, desde el kiosko de la Lotería a cuestas hasta la dependienta del Mercadona con su caja.

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También pasamos por la zona de la feria, que no todo es irse de copichuelas y pegar brincos sobre los potentes altavoces. Mejor no ir achispado porque si montas en el Maxidance luego a la bajada sacas todo lo que llevas en tu interior, bilis incluida. Aunque también te puede cortar el rollo y lo que quieres es volver a casa. Al día siguiente despiertas dándote cuenta de que has perdido la mitad del disfraz por el camino y te preguntas quiénes son los que aparecen en todas tus fotos. Es la magia del carnaval de Tenerife.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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