Museo de la Patata Frita.

Museo de la Patata Frita: historia de su origen y lo friki que es

Si nos gusta viajar y somos frikis, ¿cómo diablos no íbamos a visitar el Museo de la Patata Frita (o Frietmuseum)? Ni sabíamos que existía hasta que llegamos a Brujas. Y es que cuando nos personamos en su Oficina de Turismo, nada más bajarnos del tren desde Bruselas, preguntamos qué cosas serían interesantes para ver. Su Catedral de San Salvador, su Iglesia de Santa María, su Grote Markt, su Plaza Burg, su paseo por los canales… Y ya muy al final, como “esto no tiene que ver con nosotros”, la chica nos mencionó ¡el Museo de la Patata Frita! “¿Cómo?”. Pues eso, un espacio dedicado a uno de los emblemas de Bélgica después del chocolate. Con mucha curiosidad, ¡allá que nos fuimos!




Vanesa, Lindsay, David y yo dejamos nuestra visita al Museo de la Patata Frita casi para el final, no porque fuera menos importante que el resto, sino porque está ubicada como muy al fondo, callejeando más allá de la Plaza Mayor. Nos dirigimos con un poco de escepticismo. “¿Qué diantres nos íbamos a encontrar allí? ¿Qué historia tiene la patata frita como para eso?”. Conocíamos la disputa que tiene con Francia, vecinos que también juran que son los inventores de tal producto a fines del siglo XVIII (sólo que ellos lo cocinan con aceite y los belgas además la pasan por grasa).

En fin, que nos decidimos a entrar en el Museo de la Patata Frita esperándonos lo peor (que a nosotros también nos encanta). La primera impresión fue que estábamos en un museo que asimismo es cultural. Sus salas iniciales nos hablan de la historia de la papa, su procedencia, cómo se cultiva, qué especies hay, cómo se expandió de un continente a los demás (con el nombre de las ISLAS CANARIAS bien grande en un globo, todo un orgullo internacional)… Todo ello con paneles explicativos, muestras y vídeos. Vamos, todo muy educacional y que lo pueda entender toda la familia (si se sabe inglés, claro).
 

A pesar de que el Museo de la Patata Frita se halla en el Saahalle, un edificio del siglo XIV y que es de los más antiguos que se mantienen todavía en pie en Brujas, su exposición es totalmente moderna. La decoración es un poco ecléctica tirando a ochentera, con colores muy llamativos y formas zigzagueantes (también es que estamos hablando de papas fritas…). De hecho han creado como unos personajes vestidos de esa guisa que son los que nos van presentando cada nivel temático.

Nuestra planta favorita fue la última, desde luego. La más informal, la más friki. Allí atesoran cuadros, mobiliarios, objetos, tenedores, conos, maquinaria… todo relacionado con el arte de freír papas, y expuestos de una forma que no tienen nada que envidiar a las obras del Museo del Louvre. El Museo de la Patata Frita también nos habla de cómo llegaron a Bélgica, su especial forma de cocinarlas, los diferentes tipos de salsa con las que se acompañan… Pero lo que más nos dejó boquiabiertos, como veréis en el siguiente vídeo, es esa orquesta formada por instrumentos con todo lo que se os ocurra en una cocina.
 

 
Los que orquestaron el Museo de la Patata Frita son los hermanos Cédric y Eddy Van Belle, responsables también del Choco-Story (el Museo del Chocolate Belga) y el Lumina Domestica (Museo de la luz doméstica), pero esos ya no nos dio tiempo a ver. Íbamos con los minutos justos para visitar su tienda de recuerdos (tan disparatada como el museo) y, ¡cómo no!, bajar a su bar a probar las auténticas papas fritas belgas. Muy buenas, por cierto, como el propio museo. No podéis dejar de ir si queréis ver algo realmente original, divertido ¡y delicioso!

    • Web: Frietmuseum.be
    • Precio: 7€, adultos; 6€, estudiantes y mayores de 65 años; 5€, niños.
    • Horario: todos los días, de 10 a 17h.
    • Cómo llegar:

 

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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