Marrakech: una ciudad para amar u odiar

Nuestro viaje a Marruecos supuso la primera salida de Europa que realizamos. En realidad, ¡es lo que nos queda más cerca de casa, nosotros que somos de Canarias! Aún así íbamos con la ilusión de conocer una cultura distinta, adaptarnos a unos hábitos a los que no estamos acostumbrados, a vivir de ese exotismo sobre el que están empapadas las leyendas árabes. Con esta actitud aterrizamos en Marrakech, sin miedo a decir que es la más popular de sus capitales imperiales. También íbamos con un poco de suspicacia por eso que cuentan de la inseguridad, de sus callejones intimidantes, de moribundos que van detrás de los pasos del turista… ¿Qué es lo que más prevaleció en nuestra experiencia por la “Ciudad Roja”? Continúa, que te lo contamos todo, todito:



Ya confesamos en nuestra guía sobre cómo organizar un viaje a Marruecos que preferimos no arriesgar a tomar un “petit taxi” espontáneamente al llegar al Aeropuerto de Marrakech-Menara. Incluso cuando salimos por primera vez del hotel anduvimos con pánico por sus calles. En efecto se confirmó de inmediato que los taxistas y guías paran al primero que vean con cara de turista, insistiéndole en prestarle sus servicios. A pesar de que alguno puede resultar agobiante y no entender el “no”, no es menos cierto que son educados y amistosos, como todos los marrakechíes con los que nos encontramos. Encima muchos hablaban el español, además de ser educados al francés, al bereber y al árabe (¡más doctos que en España!). También usan la picaresca en este sentido, si terminan conociendo el lugar de destino del visitante.

En nuestro caso, en la zona de la Koutoubia (o Kutubía, para ser comodones), un guía no oficial intentó camelarnos hablándonos de las “guaguas” canarias, de Carmina Ordóñez y de “la Vaca Que Ríe” (y que ‘aquella’ no reiría más, señalándonos un metro de piel que quedaba en la lonja). Sí, en efecto, nos cameló y fue nuestro guía ese primer día por el centro de Marrakech. A pesar de que nos gusta viajar por libre, La Medina es una zona bastante laberíntica y al menos en nuestra incursión inicial preferimos dejarnos llevar. Además, por los tres nos cobraba 50 dirhams (lo que viene siendo 5€), que no estaba nada mal para una vuelta de tres horas. Nos hizo la boca agua al anunciarnos que nos llevaría por lugares inadvertidos por el turismo, como los cuartos de calderas de los baños comunales, donde pillamos al encargado aprovechando el calorcito para cocinarse unos tajines. Pero poco más que no viésemos con un guía oficial.
 

 
De esta forma a los pocos días volvimos a hacer un tour, esa vez de manos de Hammid y Viajes Marrakech, que nos condujo además a la parte sur de La Medina. Aquí la diferencia es que las explicaciones de Hammid eran más ricas en datos científicos. Tanto uno como otros nos llevaron a un herbolario, que en Marrakech son comercios impresionantes, con la popularidad que goza la medicina natural. El respectivo encargado nos enseñaba con qué hierbas y ‘mejunjes’ trabajaban, la diversa utilidad que tenían y nos ofrecían la oportunidad de comprarlos (cosas que en Europa nos saldrían más caras). Las charlas resultaron bastante curiosas y David se fue con aceite de argán, el “oro líquido” de Marruecos, que tiene tantos usos valiosos que la Unesco lo catalogó como Patrimonio Inmaterial de La Humanidad.

Una de las cosas que más nos llamó la atención fue el precio de la comida. No es difícil encontrar un restaurante donde el precio de un menú cueste alrededor de 50 dirhams. Incluso buscando un buen lugar donde cenar, dimos con un restaurante con una imagen exquisita y un servicio muy atento, que hasta nosotros nos escandalizamos de lo barato que nos costó. Esto contrasta con la cesta de la compra, ya que pensando escatimar en otras comidas fuimos al supermercado y la verdad es que si el precio no es similar en España es porque es más caro. Para el resto de cosas, más o menos: el McDonald’s un poco más barato, las cafeterías algo más caras, y los souvenirs por el estilo. Es una de las conclusiones que os contamos al final del vídeo-resúmen de nuestro viaje a Marrakech:
 

 
En cuanto a sitios qué ver y lugares que ahorrarse, pues hay de todo: habíamos leído que el Jardín Majorelle valía mucho más la pena que los Jardines de La Menara. Visitamos ambos y comprobamos que no era un error. El patronato de Yves Saint Laurent es mucho más pequeño pero tiene un encanto que le falta a aquellos más históricos: es como una extensión de cultivo bajo el que familias y amigos van a echar la tarde y luego nos encontramos con un inmenso estanque casi vacío con unas instalaciones poco cuidadas. Apenas nos cruzamos con turistas, lo que nos lleva a pensar que las autoridades no tienen interés por explotar los Jardines de La Menara, que deberían porque tiene una historia detrás potente (como bien os contamos en el vídeo). Aún así os animamos a ir porque para gustos, los colores. Además, es accesible como casi todo en la ciudad de Marrakech, que lo más lejos era nuestro hotel, a 40 minutos andando de La Medina (y eso es poco para nosotros).

La mayor de nuestras quejas, como ya os comentamos en el vídeo, fue la higiene y la limpieza, pues encontrar una papelera era un milagro. Como milagro era dar con un paso de peatones. El tráfico en Marrakech es caótico, y si hay uno pintado es por cortesía, porque tanto los peatones y conductores circulan como les venga en gana. Y, claro, nosotros que venimos de una sociedad con un orden tráfico tajante, nos parece chocante. En lo que sí son firmes es en sus creencias religiosas y políticas, ya que retratos de su Rey Mohammed VI están colgados en cualquier establecimiento y a cada rato se llama por los altavoces de las numerosas mezquitas al rezo. Puede resultar inquietante pero en realidad la sociedad marroquí está abierta al respeto, de manera que una mujer en burka puede ir de la mano con otra vestida informal. Esto es que no se obliga a nadie a hacer nada que no quiera.

No obstante por lo demás salimos encantados. Quizás fuimos llevados por la dulcificación de los cuentos árabes sobre exotismo y pasión, y se produjo un choque de expectativas con la realidad. Sin embargo Marrakech es una de esas ciudades que hay que visitar una vez en la vida sí o sí, sea para criticarla o para alabarla. ¡Pero hay que ir!

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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