Catedral de Sevilla: uno de los edificios imponentes jamás visitados

En verano de 2012 nos dimos un garbeo por las principales ciudades de Andalucía, así, como quien no quiere la cosa, con el fresquete tan propio de esa época estival o sea, ninguno. Pues andábamos nosotros por Sevilla, vimos un edificio más bien tirando a grande, y supusimos que dentro se estaría más aclimatado. Mira tú por dónde que habíamos entrado a la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla, dicho en cristiano, Catedral de Sevilla. Y la impresión que nos llevamos de allí fue increíble (al igual que su fresquillo).



La verdad es que la entrada hace temblar las carteras (9€, el acceso general). Pero la Catedral de Sevilla hay que verla por lo menos una vez en la vida. Antes pasamos por la Iglesia del Sagrario, que no es difícil de confundir con aquélla porque están integradas en un mismo conjunto arquitectónico, aunque una sea gótica (siglo XV) y la otra sea barroca (siglo XVII). La Iglesia del Sagrario tiene detalles curiosos, como la imagen de Santa Bárbara, que porta una Torre del Oro, simbolizando el martirio que sufrió en prisión.

Una vez cogimos colorcito esperando en la larga cola para acceder a la Catedral de Sevilla, nos recibió desde la entrada una reproducción de el Giraldillo, que hasta 2005 coronaba la célebre Giralda hasta que fue sustituida por la original. De allí pasamos al un escueto museo y por fin se nos abre el interior de la Catedral de Sevilla ante nuestros ojos. Inmensa, enorme, en todos sus sentidos. Su altura, que alcanza casi los 40 metros, son de vértigo. Pero no paramos de mirar sus exquisitas bóvedas y arcos, de distinto orden.
 

 
Otro de los elementos que nos dejó boquiabiertos fue el monumento erigido a la tumba de Cristóbal Colón, el descubridor del “Nuevo Mundo”. Sus restos viajaron por algunas ciudades españolas y caribeñas, hasta que en 1899 se trasladan donde permanece en la actualidad, en una urna custodiada por cuatro portentosos heraldos que representan los cuatro reinos españoles. No sabemos si fue por el material o la luz, pero daban una sensación lúgubre.

Una vez vimos las capillas, rondamos por las diferentes sacristías, que funcionan a modo de museo pues en ellas se guardan reliquias y otros detalles artísticos de lujo (casi salimos vomitando oro). Por supuesto que no quisimos dejar de subir los 97, 5 metros que mide La Giralda, un antiguo alminar islámico reconstruido como actual campanario. Como habréis visto en el vídeo de la Catedral de Sevilla, nos atrevimos a ascender por sus 35 niveles. No se hace cansino porque las rampas no son muy pendientes y entre nivel y nivel hay una pequeña exposición y ventanas con vistas para distraernos. Lo que hay que tener es paciencia.
 

 
Vale la pena subir La Giralda, pues desde sus cuatro esquinas se puede observar la ciudad de Sevilla sin límites: el Guadalquivir, la ciudad nueva, la isla de La Cartuja, el casco antiguo… A la bajada nos espera el Patio de Los Naranjos, el primitivo patio de abluciones almohade. Como el de la Mezquita de Córdobacuenta con curiosos canales en sus suelos que comunica las distintas fuentes. Natural que esta maravilla arquitectónica también se ganase el título de Patrimonio de La Humanidad junto al Alcázar y Archivo General de Indias.

    • Web: Catedral de Sevilla.
    • Precio: 4 – 9€ (gratis a residentes en Sevilla, etc).
    • Horario: 11 – 17h, de martes a sábado (lunes, de 11 – 15.30h; domingos, de 14.30 – 18h).

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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