Brujas: el pequeño encanto medieval

El otro día andábamos de picnic con los amigos y uno de ellos dijo que si hay un lugar al que realmente le gustaría viajar, ese es Brujas. ¿Motivos? “Sus edificios medievales”, y aunque en verdad es una ciudad reconstruida en su mayor parte, mantiene todo ese ambiente de castillos y leyendas. En abril de 2012 decidimos hacer un alto en nuestro viaje por los Países Bajos y tomamos carretera y manta hacia Bélgica. Uno de los dos días planeados fue para Brujas, declarada Patrimonio de la Humanidad y conocida como la “Venecia del Norte”. Os contamos las razones y nuestra impresión en el diario de a bordo. ¡Tomad asiento!




No penséis que Brujas toma su nombre de algún pasado mágico de hechizos y encantamientos. Más bien su historia está fuerte relacionada con el comercio marítimo, de paños flamencos y productos exóticos que se quedaban allí a raíz de los intercambios. Sus puentes y embarcaderos (‘Bryggia’, en noruego antiguo) fueron clave en su importante actividad económica, de ahí a denominarse Brugge (en flamenco) o Bruge (en francés). En el vídeo de nuestra visita contamos el resto de su historia:
 

 
Como habréis visto en la introducción del vídeo, tuvimos una pega en nuestra visita a Brujas y es lo cara que es: nos dimos cuenta en nuestra primera parada, en la Oficina de Turismo, que nos cobraron 0, 50€ por un mapa de la ciudad. Vale, no es mucha cantidad. Pero, ¿publicidad en un plano turístico de pago? También las excursiones y visitas que se realizan en distintos puntos de Brujas tienen un precio no demasiado módico. Pero os decimos desde ya que los 7€ por los 45 minutos de paseo en barca merecieron totalmente la pena.

En los minutos previos del vídeo también os trasladamos lo que nos dijeron en la Oficina de Turismo, que una visita a Brujas bastaba con la mitad del día. No mentía. Su casco histórico es pequeño y a media tarde ya lo teníamos todo visto. Sin embargo no sería un disparate pasar una noche allí, especialmente para una visita romántica puesto que la ciudad se presta a ese encanto: adoquines antiquísimos, paseos en caballo, enredaderas cubriendo caseríos, chocolaterías con distintas notas de sabor…

Lo que más nos va a impresionar de Brujas son sus torres, altas y variopintas. De un lado, la neorománica de la Catedral de San Salvador, cuyos cimientos datan del siglo IX. No pudimos entrar porque la pillamos cerrada pero sí accedimos, de otro lado, a la Iglesia de Nuestra Señora. Preguntamos a una señora (valga la redundancia) si se podía subir hasta lo alto pero nos contestó que nunca se había abierto al público (lo que ella resumió en un “never“). Sin embargo nos sorprendió lo su servicio multiusos, pues igual albergaba una biblioteca como un espacio de pintura.
 

 

No podemos dejar atrás la Plaza Mayor (Grote Markt, en neerlandés), rodeada por imponentes edificios como el campanario y el mercado cubierto, y la Plaza Burg, donde se halla el ayuntamiento de la ciudad. En esa zona os toparéis con el mayor movimiento de actividad en Brujas, donde se hayan restaurantes, tiendas y souvenirs. Nuestro viaje culminó con ese fabuloso paseo en barca, donde si tenéis suerte y la mayor parte de los que montéis habláis castellano, el guía os hablará en castellano. No fue nuestro caso, pero igual estábamos muy entretenidos sacando fotos y en babia, según cruzábamos los puentes o girábamos hacia zonas residenciales flanqueando las aguas. Fue un momento donde todos nos sentimos como parte de un cuento.

Al bajarnos de la barca dimos una segunda vuelta, pasando por lugares que ya habíamos visto pero que se antojaban diferentes a una hora en la que las calles se quedaban vacías. La tranquilidad era abrumadora. Por si no tuvimos poco en el Museo de la Patata Frita (del que ya hablaremos en un monográfico), nos metimos en otro bar a disfrutar de otra cesta de patatas fritas, que no va a ser tan mentira que a este lado del mundo sea donde mejor las hacen. Como veis, Brujas es un pequeño lugar donde las impresiones se hacen grandes.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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