Berlín: la ciudad que vive y aprende de la multicultura

Uno de nuestros últimos viajes fue a Berlínla ciudad capital de Alemania. Sabíamos que no iba a ser una visita cualquiera, pues su pasado político (aún algo caliente) es un gran reclamo para el turismo. Sin embargo una vez allí pudimos comprobar que Berlín es algo más que un ‘muro’. Frente a la atracción histórica se superpone su exquisito arte moderno, su pomposidad cinematográfica e incluso su firme respeto a toda creencia y condición. En definitiva, comprobamos sus enérgicas ganas de ser un símbolo democrático. Así fue como lo vivimos:




En abril de 2015 llegamos en tren desde Colonia, alojándonos en el Hotel Meininger (que cumple también con la función de hostal, que era lo que se adaptaba a nuestros bolsillos). Desde ese primer momento nos dimos cuenta de dos cosas que se extrapola a todo Berlín: el gusto por las últimas tendencias en diseño y lo cerca que está todo, pues el hostal está a la misma derecha del Berlin Hauptbahnhof, a su vez del Parlamento, a un paso de la Puerta de Brandemburgo, y luego según la dirección que tomes al Potsdamer Platz, la Isla de Los Museos a media hora andando, el Alexander Platz en otros veinte minutos…

Los primero que se abrió ante nuestros ojos, nada más cruzar el río Spree, fue en efecto el Bundestag o Parlamento Federal de Alemania, ubicado en la Plaza de la República junto a otros edificios institucionales. Otro buen repertorio de embajadas las encontraréis en la Plaza de París, donde se ubica el monumento más representativo de Berlín: la Puerta de Brandemburgo (Brandenburgo o Brandeburgo, según la traducción). Esta fue construida a finales del siglo XVIII y hasta 1918 sólo podían usar su paso central miembros de la alta sociedad. No obstante lo que vemos hoy es una gran obra de restauración porque sufrió importantes daños tras la Segunda Guerra Mundial.
 

 
A su lado se halla el Monumento al Holocaustoy bajando un poco más por la calle Ebert desembocamos en Potsdamer Platz, lugar donde se instaló el primer semáforo de Europa. No era para menos, pues en el siglo XIX fue foro de las más importantes actividades sociales y económicas. Actualmente casi que también, pues es un denso centro de negocios y cultural. De hecho por el mismo area se localizan el Museo de los Instrumentos Musicales, la Nueva Galeria Nacional, el Kulturforum…

Confiados en que todo seguía igual de cerca, fuimos andando hasta la Iglesia Memorial del Káiser Guillermo. Craso error, porque está a cuatro kilómetros. Pero igual vimos de camino el Zoo-Aquarium de Berlín, el Museo Bauhaus (original pero pequeño) y el Schwules Museum (o Museo Gay), el cual homenajea la memoria del colectivo LGTB (a los niños mejor dejarlos fuera porque sus muros cuelgan imágenes un poco bestias). La verdad es que ese día perdimos tiempo, pues era lunes y la mayoría de los museos estaban cerrados, así que tened ojo si organizáis un viaje a Berlín.

Durante nuestra visita a la capital de Alemania también estuvimos en el Bundestag o en los diferentes centros de la Isla de los Museos (puntos fuertes del turismo y que os contaremos en detalle en próximos artículos). Asimismo disfrutamos de un currywurst callejero (‘plato’ típico de Alemania), vimos circular a los vehículos de la antigua República Democrática Alemana (llamados ‘trabant’ o ‘trabis’), ¡e incluso nos montamos en uno en el DDR Museum!
 

 
Nos dejamos caer en la mayor plaza de Berlín, el Alexander Platz, ya en el antiguo territorio comunista, y nos dejamos asombrar por su Reloj Mundial, la Torre de Televisión (o Fernsehturm) o el propio Ayuntamiento de Berlín. Por supuesto que paseamos a lo largo del mayor tramo continuo del Muro de Berlín (de 1.316 metros) en el distrito de Friedrichshain, donde reflexionamos sobre la triste historia que dividió en dos al pueblo alemán, hoy florecido como la East Side Gallery.

Insistimos a modo de conclusión que nuestro paso por Berlín nos descubrió cosas que no imaginábamos de la ciudad y echó por tierra la imagen fría y distante pre-establecida de su pueblo. Un pueblo que ha aprendido a valorar las distintas culturas y credos, hasta el punto de vivir con ellas de modo exponencial, e incluso a reírse de sí mismos a través del arte o de los mismos artículos de souvenirs. Berlín es sin lugar a dudas la ciudad que vive y aprende la de multiculturalidad.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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