Camino de Santiago: El Diario, jornada 9 (Parte II)

¡Por fin hemos llegado a Santiago de Compostela! 9 días y 200 kilómetros nos separan desde Ponferrada, el punto del Camino Francés en León desde el que comenzamos. En el anterior vídeo-capítulo visteis cómo recorrimos el tramo final, y ahora os hablamos de nuestra entrada en la Catedral, qué hicimos para solicitar la Compostela, y cómo celebramos el final de nuestro Camino de Santiago.
 

 
No es la misma sensación la de un turista que llega a la Plaza del Obradoiro que la de un peregrino. Éste último se ha dejado los juanetes, atravesando ríos y montañas, para llegar hasta aquí. Es por eso que nuestra primera sensación fue de incredulidad: “¿ya llegamos? No me lo creo”. Pero a los pocos segundos sentimos el verdadero gozo, no especialmente por desembocar en un espacio arquitectónico de lujo. Se trata de la victoria personal contra la adversidad de la naturaleza y contra nosotros mismos. ¡Hemos sido capaces de aguantar lo que nunca hemos sufrido y dejando en ridículo a nuestras propias inseguridades! Y ha valido la pena, desde luego.

Es tradición del Camino de Santiago que lo primero que hace el peregrino nada más llegar a la Plaza del Obradoiro es tomarse un merecido descanso, sentándose o tumbados en el mismo suelo de la Plaza, viéndose frente a frente con la Catedral de Santiago de Compostela. En el vídeo la habréis visto en su estado previo a la restauración, por la cual se se han ido eliminando los líquenes y demás vegetaciones producidos por la humedad, y que fragmentaban la piedra. Quizás con ese color anaranjado nos impresionó aún más.

Lo siguiente imprescindible: abrazar al Apóstol. Así es. Aunque no se tenga fervor religioso, se trata de una experiencia única e interesante. ¡No todos los días se puede tocar una efigie de 800 años! También puedes visitar la Cripta que se haya justo debajo del camarín, por lo que nuevamente hay que hacer cola para apreciar la urna donde se hayan los restos del Apóstol Santiago.

La Catedral de Santiago de Compostela es enorme y tiene muchos rincones que merecen ser vistos con detenimiento. Nuestra recomendación es hacer esa visita una vez estemos totalmente descansados y despojados de la mochila. Pero, ¡antes!, a la Oficina del Peregrino. En nuestra época estaba nada más salir por la Torre de Berenguela, en la Rúa do Vilar. Sin embargo la han trasladado a la Rúa das Carretas, 33 (en dirección contraria). Hay que tener paciencia con la cola. Son cerca de 3.000 Compostelas las que se otorgan diariamente. Para que sea más ágil hay que tener bien a mano la credencial, con la cual será validado este certificado y mentir un poquillo, pues te preguntan si la haces por motivos religiosos o espirituales y no te puedes salir de esas opciones. Después te la entregarán con tus datos escritos a mano.




A partir de ahí, eres libre de campar a tus anchas. ¡Ya somos peregrinos reconocidos del Camino de Santiago! Por supuesto que lo celebramos a lo grande (y fue un buen incentivo para continuar adelante, sí señor), permitiéndonos una buena parrillada y una de pulpo a feira. No hay mejor manera para digerir todo que paseando por el casco antiguo de Santiago de Compostela, repleto de arquitectura renacentista y barroca. Por eso nos quedamos un día más (el día anterior reservamos por internet alojamiento en un hostal, pues en este punto ya no hay albergues municipales), y recorrimos el Parque de la Alameda (dejamos que las Estatuas de las dos Marías nos tocasen el culo, y besuqueamos la de Valle-Inclán), visitamos el Museo de Los Peregrinos (que nos habla de la vida antigua de la ciudad) y, cómo no, volvimos con calma a la Catedral de Santiago de Compostela.

Y esto es todo, amigos. Así fue nuestro Camino de Santiago, que se nos presentó como un difícil reto. No es un turismo al uso. Es una experiencia viajera que pone a prueba tu afán por conocer un mundo (que en coche es imposible de vivir) e, insistimos, a ti mismo: tu paciencia, tu energía, tu capacidad de adaptarte a las circunstancias, a un entorno distinto. Indudablemente ha sido la experiencia de nuestras vidas y no hay mayor orgullo que haberla superado.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

VACACIONA2 es responsable del tratamiento de datos con fines determinados, explícitos y legítimos. Además, serán tratados de forma lícita, leal y transparente. Conservaremos dichos datos durante nuestra relación y mientras nos obliguen las leyes. El usuario podrá ejercer su derecho de acceso, rectificación, supresión, oposición y portabilidad enviándonos un email a hola@vacaciona2.com. Para ampliar información, visite nuestra página de política de privacidad.