Camino de Santiago: El Diario, jornada 7 (Parte I)

Y continuamos para bingo. El 7, que una semana de recorrido llevamos para entonces de nuestro Camino de Santiago. Esta jornada tiene sus características propias. Fue la primera vez que salimos en plena noche hacia el próximo destino, que parece tontería pero tuvo sus inconvenientes. Y cruzamos hasta el Polígono Industrial de Melide, que entre tanto hormigón tiene una parada única en honor a la Orden del Camino de Santiago.

Pues sí. Salimos excepcionalmente una hora antes de lo que estábamos acostumbrados, a las 6 de la mañana. Tomamos esta decisión porque se nos avecinaba una de las jornadas largas. 28, 8 kilómetros teníamos por delante y no queríamos quedarnos sin sitio en el próximo albergue municipal, que tan bien nos trataron.

Aún el sol andaba por Jerusalén a aquellas horas, así que nos aventuramos enmedio de la negritud nocturna. Decimos que lo de hacer el Camino de Santiago en tales circunstancias no es nada fácil porque perderse sí que es sencillo. La mayoría de los tramos abarca zonas rurales, sin alumbrado. Y el peregrino depende en buena medida de las señalizaciones para llegar a su destino. Y sin una buena linterna esto es lo que pasa:
 

 
Como habréis visto en el vídeo, costó no salirse del camino con nuestra cutre-linterna. No es malo que sea recargable (es más, las de pilas os pueden pegar la negra en el peor momento). Lo malo es su potencia, y la que llevamos no tenía demasiado alcance. Corrimos serio riesgo de perdernos porque podíamos haber dejado atrás señalizaciones sin ver. Esto retardó nuestro avance ya que a cada momento tuvimos que parar y cerciorarnos de la ruta correcta.




Menos mal que se hizo la luz y aligeramos el paso. Gracias a eso y a curiosas indicaciones artesanas hechas de moluscos y de mierda. Atravesamos así A Coruña, en el villa de O Coto, hasta Leboreiro. Es un pequeño pueblo que muestra tesoros históricos como la Iglesia románica de Santa María, custodiada por un “cabazo”, que es una cesta típica con las mismas funciones de almacenaje agrícola que los hórreos.

Cruzamos el puente medieval de Río Seco, donde nos ciclistas nos tomaron la delantera deseándonos “buen camino”. Es muy común toparse con todo tipo de peregrinos que se desean unos a otros “buen camino”, un saludo para transmitir ánimo que viene a sustutuir a otro más ancestral y casi en desuso: “ultreia” (“vamos allá”, en latín).

Y llegamos hasta el Parque Empresarial de Melide (o de la Magdalena), una estampa poco bucólica para el peregrino, quien al menos se va a poder encontrar con el Bosque dos Peregrinos y sus monumentos a la Orden del Camino de Santiago. Allí plantan un árbol cada uno de las damas y caballeros investidos (casi mil en todo el mundo, cuya lista podemos apreciar en unas placas).

Es en este punto donde reflexionamos sobre la importancia de las fuentes acondicionadas durante todo el Camino de Santiago, algo fundamental para que el peregrino prosiga su marcha. Por lo menos, hasta San Xoán de Furelos, un pueblo que sí es bucólico y que nos da la entrada a la ciudad de Melide. Pero esto ya será en un próximo capítulo.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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