Camino de Santiago: El Diario, jornada 5

Alcanzamos la mitad de nuestro propio recorrido del Camino de Santiago, habiendo dejado atrás 100 kilómetros. Partimos de Sarriá, en el municipio de Lugo, con dirección a Portomarín. El tramo no presentó importantes desniveles, aunque sí es cierto que hubo sendas muy estrechas y encima sufrimos una avalancha de peregrinos. Todo esto tuvo su explicación:




Como bien explicamos en el vídeo-capítulo correspondiente a esta etapa, Sarriá es la ciudad desde la que parten muchos senderistas al distanciarse de Santiago poco más de 100 kilómetros, que es el requisito mínimo que se exige para que sea otorgada la Compostela (por lo menos a pié, siendo el doble si vas en caballo o en bicicleta).
 

 
Según avanzábamos el recorrido, con más peregrinos nos cruzábamos, siendo ya totalmente evidente en el pueblo de Peruscallo. Allí además empezamos a ver en abundancia los hórreos, almacenes agrícolas datados desde el siglo XIII que muchas casas aún conservan bien de madera, de piedra o de ladrillo.

Pero durante esta jornada encontraremos otros monumentos destacados, como la Iglesia prerrománica de Santiago de Barbadelo, en el pueblo del mismo nombre. Anda escoltada por paredes de nichos, y no tenían pinta de poder salir alguien a sellarnos la credencial. Por otro lado, en Mercado da Serra encontraremos la enorme fuente de Pelegrín, un poco bastante descuidada porque de allí podía salir de todo menos agua. Pero va a ser el mejor recuerdo que nos llevemos de la mascota del Xacobeo ’93 durante el Camino de Santiago.

Ya en Brea nos cruzaremos con el mojón del kilómetro 100 (el anterior a éste ha perdido la numeración y hay muchos que nos empezamos a sacar fotos cuando no era más que “usurpador”). Un poco más adelante, en Mirallos llegamos hasta la Iglesia de Santa María, esta vez de estilo románico y no tan molona como la otra.

A partir de Mercadoiro el camino se hace más llevadero hasta Portomarín, probablemente el pueblo del Camino de Santiago que mejor sabor de boca nos ha dejado. El culpable principal es su abismal puente de 400 metros y las anegadas vistas de su pantano, por el que pasa el Río Miño. Sus fascinantes detalles, el pueblo que era y el otro que es ahora, os los hemos detallado en el vídeo-capítulo. No perdáis ojo.

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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