Camino de Santiago: El Diario, jornada 2 (Parte II)

Tras un año y medio de Camino retomamos la segunda jornada (sí, nos tomamos su tiempo, como bien contamos en el capítulo anterior). Y tampoco es que se nos presentara fácil. El viaje hasta O Cebreiro era largo y cuesta arriba. Al final fue lo de menos, porque nos encontramos con un incidente ¡todavía mayor! Nadie dijo que el Camino de Santiago fuera coser y cantar.




La mitad de aquella mañana nos la pasamos repitiendo el tramo desde Villafranca del Bierzo que nos habíamos saltado. De nuevo en Trabadelo, llegamos a La Portela. Y a partir de ahí atravesamos un carrusel de pueblos, salteados por impresionantes viaductos. En Ruitelán fue donde paramos a almorzar fuet y caramelos (alimento de campeones low cost) mientras echamos a remojar los pies en el río.

Fue dejar atrás el barrio de Hospital y comenzar ese repecho asfaltado que no iba a parar de ascender hasta la villa luguense. Continuamos por un desvío que nos metió de lleno en el denso bosque de La Faba. Al menos es de agradecer en las tardes veraniegas, porque el fresco hace que la subida sea menos sofocante. Lo malo es que cuando parece que ya llegábamos, aparecía otra finca perdida. Y luego otra, y otra, y otra…

Al alcanzar Laguna de Castilla, un esperanzador mojón indicaba que estábamos a 4 kilómetros de O Cebreiro. Después de un largo día aquello sentaba como si nada. Pero aún quedaba por cruzar los montes abiertos por los que se contemplaban unas vistas montañosas increíbles. Tened la cámara en mano, sobre todo al pasar por el “mojón-padre” que da la bienvenida a Galicia.

De ahí a O Cebreiro es un paso. Llegamos en plena celebración de las fiestas de Santa María y unos amplios puestos de manjares locales nos abrían paso por todo el pueblo. ¡Era todo tan bonito y perfecto! Era… Al llegar al albergue municipal, a eso de las 18h, nos enteramos de que no habían plazas. Ni ahí ni en ningún otro sitio. La mala suerte se cebaba con nosotros para que no acabásemos nunca aquella jornada.

O era acampar en la fría noche y acordarnos de nuestros santos padres, o continuar hasta el próximo pueblo donde hubiese cama libre. Ni Liñares, Ni Hospital. No creíamos llegar a la luz del día hasta Alto de Poio, donde por suerte habíamos reservado habitación (el albergue tuvo a bien de pasarnos el contacto de una casa particular). Tras dos agónicas horas de caminata extras llegamos casi con los pies a rastras. Habíamos vencido al destino. Nos merecimos incorporarnos al Camino de Santiago de pleno derecho.
 

 

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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