Camino de Santiago: El Diario, jornada 2 (Parte I)

En efecto, ¡parte I! A poco más de empezar nos veíamos de frente con una de las etapas más duras del Camino de Santiago, el tramo que une Villafranca del Bierzo con O Cebreiro (el cruce de fronteras entre la comunidad de Castilla y León con Galicia). Nuestro viaje como peregrinos de andar por casa se iba a enfrentar a 28, 4 kilómetros de pateo y, lo que es aún peor, a un ascenso de 800 metros montaña arriba. Nada de esto cumplimos. Hicimos menos. Pero también más. Sí, sí. Una jornada caótica de sobresfuerzo y frustraciones. Pero empecemos por el principio:

Cuando nos despertamos, a eso de las siete y poco de la mañana, prácticamente el albergue estaba vacío. ¿Se puede madrugar más? Nosotros con tranquilidad nos preparamos para salir y cruzamos el río Burbia siguiendo las indicaciones. Fue al dejar atrás el río Burbia cuando nos vimos ante una debacle. El camino parecía dividirse en dos: una flecha que seguía por el arcén y otra que subía por una callejuela. Optamos por los montes y subimos por el tramo derecho pese a que más adelante un cartel nos dejaba en sobreaviso, cual película de terror: “camino muy duro. sólo para buenos caminantes”. ¡Ay, cómo nos reímos de los retos!




Al final resultó que la realidad se rió de nosotros. Subíamos y subíamos por caminos de tierra y no parábamos de subir. Y desde lo alto mirábamos, mosqueados, cómo una buena fila de peregrinos iba al galope por la carretera. Como veréis en el capítulo de esta jornada nos preguntamos cuál sería el camino correcto. Nos consolamos al comprobar que no nos estábamos inventando el camino, que nos acompañaban pocos  peregrinos como nosotros por el mismo sendero. No nos imaginábamos cuál sería nuestro desastroso final:
 

 
Así es. Horas después llegábamos a Pradela, un pueblo casi que recóndito de 25 casas donde sólo se escuchaba el balar de las ovejas. Lo hubiésemos disfrutado más si estuviera a tantos metros más abajo, donde sí quedaba Trabadelo, el pueblo al que hubiésemos llegado en la mitad de tiempo de haber ido por el llano. Lo cierto es que estábamos agotados, ¡y no eran ni las 13h! Nuestros pies no se arrastraban por los suelos de las nuevas bolsas que nos salieron. Totalmente agarrotados tomamos una dura decisión: abandonar.

Nos dolió en el alma. No duramos ni dos días como peregrinos, sobre todo porque somos dos personas que nos gusta andar y que están acostumbradas. Pero nos lo montamos muy mal en cuanto al calzado y organizando las rutas. Nos prometimos una cosa, tal y como clamamos al viento: retomar el camino un año después, con la experiencia que no fue poca  de un día y medio. Y no mentimos.

Un mes antes nos echamos a andar en nuestras ciudades, a dar caña a nuestros zapatos, que se adaptasen a nosotros y nosotros al camino. En la misma bifurcación de Villafranca tomamos el camino de la izquierda, casi con lágrimas en los ojos. No era tan natural como el otro porque no había más que asfalto y hormigones. Atravesamos Pereje y, seguidamente, ¡Trabadelo! A media mañana ya estábamos en el pueblo que nos había visto claudicar. Pero no había tiempo para saltos de alegría. Sabíamos que nos quedaba por delante un camino que volvería a ponerse en nuestra contra. Y eso sí que no lo sabíamos…

¡Atentos a la segunda parte!

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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