7 consejos para sobrevivir a los albergues

Albergues. Son la solución indispensable de todo viajero que hace del ‘low cost’ su sistema de vida. Y no es que esté mal. Todo lo contrario. Aunque es un alojamiento que tiene por estigma el compartir con desconocidos un espacio íntimo y personal por naturaleza, algunos de ellos pueden dar tres bofetadas a muchos hostales. Todo depende de A QUÉ albergue (o bed and breakfast) nos vamos a meter. En la entrada de hoy revisamos las claves de su elección, los pros y los contras y cómo enfrentarnos a lo que nos espera.

  1. Una vez seleccionados el destino y las fechas de nuestro viaje, el primer paso junto al transporte es decidir el alojamiento (de esto hablamos sui generis en un post anterior). Si nos hemos decantado por un albergue, buscarlo por Internet es tan sencillo como el de un hostal. ¡Tanto como que se encuentra en los mismos portales! Sólo hay que dejarse llevar por las categorías claves que ofrezca el buscador correspondiente. Ahora bien, algunos mezclan hostales y albergues, y estos últimos se “camuflan” habitualmente bajo la categoría de hostales. Podemos guiarnos por las fotos y la descripción.


  2. Lee bien la descripción. A su vez, dentro de la categoría de albergues hay que tener en cuenta algunos detalles: algunos incluyen toallas, otros no; algunos incluyen juego de cama, otros no; algunos incluyen casillero, otros no. El que nos cueste más barato que un hostal es lo que tiene, que suprimen del precio lo dispensable para tentar al cliente (como Ryanair, básicamente). Es un rollo llevar nuestro propio set de toallas y sábanas, sobre todo si viajamos ligeros. Por eso es mejor gastarse un euro o cinco en este tipo de alquileres, una vez llegados al sitio.






  3. Haz caso a la voz de la experiencia. Obvio y fundamental es la consulta de las opiniones de antiguos usuarios. Aquellos que hayan pasado la noche y lo cuentan en el portal de búsqueda son una guía bastante acertada. El servicio, la limpieza, la localización, la comida… Tampoco hay que quedarnos con un solo comentario ni basarnos en la valoración general. Cada uno vive una experiencia única y conviene leer suficientes opiniones para hacernos una idea amplia.


  4. Ten calma. Ya ha llegado el día. Ya estamos en el albergue. “Ug, esto no es como en las fotos. Huele mal”. Es posible. Recuerda que el albergue publica sus mejores imágenes y aún no existe una app que recree olores. “Me ha tocado un gordo sudoroso en la litera de arriba que ronca toda la noche”. Mala suerte. Son imprevistos, como la vida misma. Lo que quiero decir es que no hay que ir con grandes expectativas y armarse de paciencia. Has elegido un lugar donde se comparte. Tenlo en cuenta. Todo puede suceder. Siempre queda pedir a otro usuario o al propio alojamiento cambiar de cama o de cuarto donde estés más a gusto.


  5. Esto último trae a colación uno de los puntos esenciales, el comportamiento. Vamos a compartir con cinco, diez, veinte personas una habitación y un cuarto de baño. Hay que cumplir las leyes de convivencia para que nuestra experiencia sea la mejor posible. No gritar, ser ordenado, limpio y respetuoso. Tampoco os voy a contar nada que no venga en los libros de ética…


  6. La limpieza no es posiblemente lo más importante. ¡ES LO MÁS IMPORTANTE! Tampoco tenemos culpa de que nos toque un compañero guarro. Ni yo, ni tu ni el albergue lo vamos a educar a estas alturas. Pero todos debemos ser consciente de donde estamos y ser responsables y comprometidos con el mantenimiento de las instalaciones. En cualquier caso, qué mínimo que el albergue disponga de un equipo de limpieza diario. No estamos en el Ritz pero es un servicio básico que ha de cumplir cualquier tipo de alojamiento.


  7. Algunas precauciones como llevar esclavas o chanclas en las duchas, tapones para los oídos (ya os hemos avisado de ciertos problemas nocturnos) y mención especial a nuestros enseres personales. Si no lo dejamos en un casillero debidamente cerrado, tampoco deberíamos abandonar el cuarto con la mochila abierta a ojos de todos. No hay que dejarse nada desperdigado y menos un bote de champú en el baño, que es lo primero que desaparece. Es recomendable meter todo en la maleta y colocarla bajo la cama, bajo las sábanas y/o con un candadito puesto es lo mejor. Pero lo aún mejor es llevarse consigo lo indispensable (cartera, pasaporte) y caro (cámaras, joyas).


Y creo que no me dejo nada más. Ah, bueno, sí. A especie de “bonus track” os dejo con un vídeo del albergue por el que pasamos en el verano de 2012. Nos pilló la Feria de Málaga de por medio y no había disponible nada mejor. ¿Nada mejor? Sí, la calle. Este albergue es el ejemplo perfecto de como NO DEBERÍA SER UN ALOJAMIENTO. Echadle un ojo y veréis por qué.


Esperamos que estos consejos os hayan servido de ayuda. ¡Feliz viaje y suerte, que siempre viene bien!

Autor entrada: Vacaciona2 - Alberto

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