Torre Eiffel: así se hizo y así la subimos

Oh, “Paguí, Paguí“, la Ciudad de La Luz, la ciudad de la baguette y de los restaurantes caros. En fin, una ciudad que no deja indiferente a nadie. A la mayoría de nosotros, cuando oímos hablar de París, nos viene a la mente su monumento más carismático: la Torre Eiffel. ¿Cómo puede fascinar tanto esta construcción con todas las que hay en la ciudad? Nosotros tenemos nuestra propia respuesta, ya que la visitamos el pasado mes de marzo. Pero vamos a intentar explicar un poco de ella para que se entienda.




La Torre Eiffel mide 324 metros en total (ni uno más ni uno menos) y fue construida en 1889 para la Exposición Universal en la que se celebraba el centenario de la Revolución Francesa. Además, se tenía la intención de que estuviera en pié sólo veinte años. La Torre fue diseñada por Gustave Eiffel, un famoso ingeniero francés del siglo XIX que también diseñó la Estatua de la Libertad (sí, la de Nueva York) y la construcción de la torre duró dos años (1887-1889), participando en ella 250 obreros (que no es poco ni nada). Desde que terminó de ser construida y hasta 1939 fue al edificio más alto del mundo, además de ser una de las mayores proezas de la ingeniería hasta ese momento.

¿Y qué pasaría si después de todo lo que hemos contado os dijéramos que hubo mucha gente que no quiso que se construyera? Aún no estaba terminada cuando salieron los críticos a decir que si era fea, que si no era más que un montón de chatarra, etc. Pero esas quejas no lograron evitar que la torre se construyera. Y es más, ¡que haya pervivido por más de 100 años! Quién iba a decir a esos detractores, muchos de ellos famosos arquitectos, artistas e ingenieros de Francia, que la Torre no sólo se iba a construir por completo sino que se iba a convertir en uno de los símbolos mundiales y que hoy en día cuenta con más de 7 millones de visitantes al año. Lo más curioso es que la torre se mantuvo en pie no porque se considerara un emblema después de la Exposición Universal,  sino porque por su altura sirvió para colocar antenas de radio y hacer algunos experimentos científicos. Para que nos demos cuenta de lo poco valorada que era la torre en 1925, un tal Victor Lusting, un timador profesional, vendió la torre como chatarra a un pobre chatarrero con la excusa de que iba a ser demolida. No nos queremos imaginar la cara del pobre chatarrero si supiera en qué se ha convertido ese montón de hierro.

Fuimos a visitar la Torre Eiffel en torno a la media tarde con nuestro amigo Cesáreo. Nos bajamos en la parada de metro de Trocadero (líneas 6 y 9), pues nos habían dicho y con acierto que desde allí se obtienen las mejores vistas de la Torre para sacarse una foto medianamente cerca y que se vea por completo el monumento. Aprovechando que todavía estamos jóvenes y en forma, subimos hasta la segunda planta a pié (bueno, vale, también porque la entrada cuesta 5 euros frente a los 8 que cuesta subir en ascensor). Aunque la recomendamos: no se hace tan cansino subir por las escaleras, no se tarda tanto y entre rellano y rellano nos encontramos paneles explicativos con curiosidades de la torre.

Si tenéis que ir al baño no os preocupéis, que los hay en la primera planta de la torre ¡y de diseño!, así como un impresionante suelo acristalado (no apto para personas con miedo a las alturas), desde el que se ve a todos esos turistas haciendo cola para subir. Las vistas son increíbles siempre y cuando no esté nublado (menos mal que tuvimos la suerte de que ese día estaba despejado). Unos pocos escalones más arriba queda una segunda planta con un autoservicio, ¡y más vistas! Resulta espectacular ver la sombra gigantesca de la Torre proyectada sobre el Museo D’Orsay, o cómo el sol se esconde por el Arco del Triunfo. Con la grata experiencia vivida, ya volver a bajar es lo de menos. Eso sí, como no está convenientemente señalizado nos resultó un poco lioso encontrar las escaleras de salida.

Recomendable es hacer fotos a la Torre Eiffel no sólo de día, sino también de noche porque se ilumina (espectáculo maravilloso a las horas en punto, porque todas las luces de la torre comienzan a parpadear como si fuera un árbol de navidad). La visita es obligatoria, s’il vous plaît.

Esperamos que te haya servido de ayuda y que sigas atento a futuros post. ¡Merci y hasta la próxima!
 

 

    • Web: Torre Eiffel.
    • Precio: entre 5 y 17 euros.
    • Horario: 9:30 – 23:45 horas / 9 – 00:45 horas, en verano.

Autor entrada: Vacaciona2 - David

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